Esto es Amor, Gioconda Belli

Publicidad
No recuerdo discursos contra mis débiles brazos,
guardando la exacta dimensión de tu cintura;
recuerdo la suave, exacta, lúcida transparencia de tus manos,
tus palabras en un papel que encuentro por allí,
la sensación de dulzura en las mañanas.

Lo prosaico se vuelve bello
cuando el amor lo toca con sus alas de Fénix,
ceniza de mi cigarro que es el humo
después de hacer el amor,
o el humo compartido,
quitado suavemente de la boca sin decir nada,
íntimamente conociendo que lo del uno es del otro
cuando dos se pertenecen.

No te entiendo y quisiera odiarte
y quisiera no sentir como ahora
el calor de las lágrimas en mis ojos
por tanto rato ganado al vacío,
al hastío de los días intrascendentes,
vueltos inmortales en el eco de tu risa
y te amo monstruo apocalíptico de la biblia de mis días
y te lloro con ganas de odiar
todo lo que alguna vez me hizo sentir
flor rara en un paraíso recobrado
donde toda felicidad era posible
y me dueles en el cuerpo sensible y seco de caricias,
abandonado ya meses al sonido de besos
y palabras susurradas o risas a la hora del baño.

Te añoro con furia de cacto en el desierto
y se que no vendrás
que nunca vendrás
y que si venís seré débil como no debería
y me resisto a crecerme en roca,
en Tarpeya,
en espartana mujer arrojando su amor lisiado para que no viva
y te escondo y te cuido en la oscuridad
y entre las letras negras de mis escritos
volcados como río de lava entre débiles rayas azules de cuaderno
que me recuerdan que la línea es recta
pero que el mundo es curvo
como la pendiente de mis caderas.

Te amo y te lo grito estés donde estés,
sordo como estás
a la única palabra que puede sacarte del infierno
que estás labrando como ciego destructor
de tu íntima y reprimida ternura que yo conozco
y de cuyo conocimiento
ya nunca podrás escapar.

Y sé que mi sed solo se sacia con tu agua
y que nadie podrá darme de beber
ni amor, ni sexo, ni rama florida
sin que yo le odie por querer parecérsete
y no quiero saber nada de otras voces
aunque me duela querer ternura
y conversación larga y entendida entre dos
porque sólo vos tenés el cifrado secreto
de la clave de mis palabras
y sólo vos pareces tener
el sol, la luna, el universo de mis alegrías
y por eso quisiera odíarte como no lo logro,
como sé que no lo haré
porque me hechizaste con tu mochila de hierbas
y nostalgias y chispa encendida
y largos silencios
y me tenés presa de tus manos mercuriales
y yo me desato en Venus con tormentas de hojarasca
y ramas largas y mojadas como el agua de las cañadas
y el ozono de la tierra que siente venir la lluvia
y sabe que ya no hay nubes,
ni evaporización,
ni ríos,
que el mundo se secó
y que no volverá jamás a llover,
ni habrá ya nieve o frío o paraíso
donde pájaro alguno pueda romper
el silencio del llanto.

>> Siguiente >>

Análisis

Uno de los poemas más sinceros y personales escritos por Gioconolla Belli es precisamente este ante el cual nos encontramos. Esto es amor es un grito desesperado a un amor que se desvanece y que, a pesar de lo fuerte y real que en algún momento pasado fue, ya no es más que un recuerdo confuso y un tormento doloroso. Belli confiesa con este extenso poema que su gran consuelo es escribir y observamos en sus versos que fue escrito realmente en un momento en el que su alma se encontraba dolida si no realmente desolada.

Publicidad

Consta de setenta y cinco versos que dividimos en tres partes según el tema. Comienza de manera ordenada analizando aquello que quiere dejar por escrito en sus páginas en blanco. Del verso número uno al verso número trece nos ofrece detalles de cómo era su vida cotidiana en el pasado. Aunque los verbos empleados están conjugados en presente, podemos deducir que habla de algo pasado: se repite la palabra “recuerdo”. Hace referencia a elementos espirituales, como “la sensación de dulzura” (verso 5) o “lo prosaico se vuelve bello” (verso 6), y a elementos físicos como las manos, o el “humo compartido”, refiriéndose a algo que se puede compartir y puede ser respirado y sentido por ambos; y a partir de todos los elementos presentes ya sabemos que se trata de un recuerdo amoroso o de pareja.

La segunda parte comienza en el verso número catorce y abarca hasta el número cuarenta y siete. En esta segunda parte sus sentimientos se apoderan de su cálamo y aparecen ideas y palabras contradictorias cargadas de amor y ganas de odiar. Nuestra escritora desea odiar pero quizás no tanto olvidar. Ella desea cambiar sus sentimientos, invertirlos. Está llorando, recuerda y se aferra a su pasado. Le declara su amor a ese “monstruo apocalíptico” (verso 20) que no sólo era malo sino que la hacía presentir el fin del amor; “la biblia de mis días” (verso 20) pues sólo él marcaba las pautas de su vida, era su guía físico y espiritual. Ahora todo su mundo ha dado la vuelta y recuerda el contacto físico ya inexistente (verso 25). No obstante, Belli reconoce que caería y volvería a sufrir si él se lo pidiera (verso 31).

Entre los versos treinta y cinco y cuarenta vemos claramente que escribir es para ella un desahogo. Y la manera que tiene de expresarlo comparando las curvas del mundo incierto con las de sus caderas nos revela uno de los repetidos detalles femeninos típicos de su poesía.

A partir del verso número 41 el lenguaje y el estilo se tornan ambiguos. Son pensamientos cruzados en medio de dolor.

La tercera y última parte comienza con el verso número cuarenta y ocho. Ella reconoce que no encontrará consuelo viviendo eternamente en sus recuerdos y buscando en lo futuro todo aquello que la lleve a él. Admite que no podría entregar su amor a otra persona de la noche a la mañana; pues ella le había dado todo su universo.

El poema finaliza confirmándose a sí misma que ya no habrá más paraísos; su realidad ha dejado de existir. Y sólo el llanto, los recuerdos y sus poemas la consuelan.

Pero sabemos los que leemos el dolor desde fuera que todo volverá a girar… aunque sea en otro sentido.


Volver Inicio