España, Jorge Luis Borges

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Más allá de los símbolos,
más allá de la pompa y la ceniza de los aniversarios,
más allá de la aberración del gramático
que ve en la historia del hidalgo
que soñaba ser don Quijote y al fin lo fue,
no una amistad y una alegría
sino un herbario de arcaísmos y un refranero,
estás, España silenciosa, en nosotros.
España del bisonte, que moriría
por el hierro o el rifle,
en las praderas del ocaso, en Montana,
España donde Ulises descendió a la Casa de Hades,
España del íbero, del celta, del cartaginés, y de Roma,
España de los duros visigodos,
de estirpe escandinava,
que deletrearon y olvidaron la escritura de Ulfilas,
pastor de pueblos,
España del Islam, de la cábala
y de la Noche Oscura del Alma,
España de los inquisidores,
que padecieron el destino de ser verdugos
y hubieran podido ser mártires,
España de la larga aventura
que descifró los mares y redujo crueles imperios
y que prosigue aquí, en Buenos Aires,
en este atardecer del mes de julio de 1964,
España de la otra guitarra, la desgarrada,
no la humilde, la nuestra,
España de los patios,
España de la piedra piadosa de catedrales y santuarios,
España de la hombría de bien y de la caudalosa amistad,
España del inútil coraje,
podemos profesar otros amores,
podemos olvidarte
como olvidamos nuestro propio pasado,
porque inseparablemente estás en nosotros,
en los íntimos hábitos de la sangre,
en los Acevedo y los Suárez de mi linaje,
España,
madre de ríos y de espadas y de multiplicadas generaciones,
incesante y fatal.

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Análisis

Es como cuando alguien de fuera critica a tu familia. No nos gusta, aunque nosotros seamos los primeros en criticarla, pero es nuestra, podemos hacerlo. Los de fuera, no. Algo parecido sucede cuando toca hablar del país, de la patria, ese término tan peligroso. Muchas personas se rasgan las vestiduras cuando “algún extranjero” critica a la patria.

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Recordamos a Pérez-Reverte llamar “gilipollas” a Borges en una conferencia en Argentina. Y es que la relación del escritor argentino con España y el idioma castellano nunca fue del todo afectuosa. El calificativo de Pérez Reverte se debió, al parecer, a algunas declaraciones que en su día había hecho Borges sobre España y el español, entre ellas cuando dijo que El Quijote en castellano le parecía una mala traducción del inglés (primero lo había leído en ese idioma).

Una perspectiva poética de España

Una ironía muy borgeana que demuestra su amor por la cultura anglosajona y que nos sirve para introducir este poema titulado “España” (1964) y que, por supuesto, describe su visión de este país. Borges no odiaba la cultura española, adoraba a Quevedo o a Cervantes, pero su distancia desde el otro lado del charco le permitía censurar “la España del refranero y del haragán”.

Buena parte de esta relación contradictoria con España la tenemos en este poema homónimo. Comienza haciendo una referencia a los símbolos y a la muerte. Las dos Españas, tal vez más, que quedan reflejadas en estos versos, un país supersticioso y en permanente discusión. Y, por supuesto, Borges no pierde la oportunidad de hacer una referencia a El Quijote, una de sus novelas preferidas, pero siempre interpretada a su manera.

Más adelante Borges, pasa revista a la historia de la Península Ibérica

Nos adentramos primero en el mito, con Ulises descendiendo al infierno, y luego damos paso a los diferentes pueblos que dejaron su impronta en el país, con especial atención a la España de Islam, cultura que, gracias a textos como Las mil y una noches, Borges también adoraba.

La segunda parte del poema es una abierta reconciliación con España, cuyos rastros percibe en su Buenos Aires de los años 60. Porque a pesar de todo, España también está en linaje del poeta, asunto (el del linaje) que tanto preocupó al Borges más altanero.

Borges nunca se olvidó de España, la detestó o se burló, pero no la olvidó

Tal vez en su ingente biblioteca no abundaban los textos en castellano si los comparamos con los de otros idiomas, pero el escritor argentino, con este poema, parece tender su mano al otro lado del Atlántico, porque España, con sus imperecederos defectos, sigue siendo su familia.


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