Escucha mis palabras oh Señor (Salmo 5), Ernesto Cardenal

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Escucha mis palabras oh Señor
Oye mis gemidos
Escucha mi protesta
Porque no eres tú un Dios amigo de los dictadores
ni partidario de su política
ni te influencia la propaganda
ni estás en sociedad con el gángster.

No existe sinceridad en sus discursos
ni en sus declaraciones de prensa

Hablan de paz en sus discursos
mientras aumentan su producción de guerra

Hablan de paz en las Conferencias de Paz
y en secreto se preparan para la guerra

Sus radios mentirosos rugen toda la noche

Sus escritorios están llenos de planes criminales
y expedientes siniestros
Pero tú me salvarás de sus planes

Hablan con la boca de las ametralladoras
sus lenguas relucientes
son las bayonetas...
Castígalos oh Dios
malogra su política
confunde sus memorándums
impide sus programas

A la hora de la Sirena de Alarma
tú estarás conmigo
tú serás mi refugio el día de la Bomba

Al que no cree en la mentira de sus anuncios comerciales
ni en sus campañas publicitarias, ni en sus campañas políticas
tú lo bendices
lo rodeas con tu amor
como con tanques blindados.

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Análisis

El poeta se dirige a Dios, al que considera un ser justo, honrado y bueno. Ataca a los políticos, de los que opina que son falsos, embaucadores y que mienten con sus palabras. Siente que son unos hipócritas cuando hablan de la paz y, al mismo tiempo se arman para la batalla. Para ellos, la paz es algo débil y que no se entiende sin la guerra.

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El poeta cree que lo que hacen es hacer ele mal, lo peor y sólo Dios puede salvarle. El poeta se dirige a Dios para acusarles de incitar a la guerra, a la muerte, al odio. Desea que nada de lo malo que planean ocurra. Para él, Dios es su refugio, es quien ama al que es puro de corazón, a quien sólo busca amor y, además, es mucho más poderoso que las armas.

Como podemos observar estamos ante un poema en el que hay una visión completamente diferente entre lo humano y lo divino. Por un lado, los humanos son lo negativo, algo falso. Se ataca directamente a los dirigentes, a los políticos, a los que acusa de no importarles para nada los demás. Se mueven únicamente por motivaciones personales y beneficios.

Por otro lado, la divinidad es todo lo contrario. Es bondad, es justicia y, sobre todo es amor. En la divinidad no entra el odio, la guerra y, sobre todo, la divinidad es justicia y siente que sólo Dios es capaz de acabar con todo lo negativo y evitar que el ser humano acabe con todo lo bueno que pueda quedar.

El poema es casi como una oración del poeta desde lo más profundo de su intimidad para qué, además de escuchar sus palabras, encuentre una vía para hacer que todo lo negativo que está ocurriendo deje de suceder. Las guerras no son algo que el hombre busque, sino que lo buscan sus dirigentes, que de una manera egoísta son capaces de despertar lo peor de cada uno de nosotros para conseguir que nos enfrentemos entre nosotros, en muchas ocasiones, por algo en lo que no creemos, por algo que desconocemos y cuyas motivaciones nunca son justas, nunca buscan la paz sino el sometimiento.


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