Esclava mía, Pablo Neruda

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ESCLAVA mía, témeme. Ámame. Esclava mía!
Soy contigo el ocaso más vasto de mi cielo,
y en él despunta mi alma como una estrella fría.
Cuando de ti se alejan vuelven a mí mis pasos.
Mi propio latigazo cae sobre mi vida.
Eres lo que está dentro de mí y está lejano.
Huyendo como un coro de nieblas perseguidas.
Junto a mí, pero dónde? Lejos, lo que está lejos.
Y lo que estando lejos bajo mis pies camina.
El eco de la voz más allá del silencio.
Y lo que en mi alma crece como el musgo en las ruinas.

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Análisis

“Esclava mía” pertenece al libro El hondero entusiasta, publicado en 1933, pero escrito una década atrás. Varias de sus piezas, por tanto, son previas a su célebre compilación Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Este poema de Pablo Neruda (1904-1973) es un claro ejemplo de sus inicios literarios. El propio Neruda, con el paso del tiempo, no quedó muy satisfecho de algunas composiciones de El hondero entusiasta, señalando que en él había un exceso de influencias de otros poetas. No obstante, “Esclava mía” contiene algunos detalles que anuncian la consolidación de un estilo.

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El erotismo, el amor, la ausencia y la ansiedad están presentes en esta pieza, al igual que en el resto del poemario. La compleja relación entre dos amantes queda expuesta en los 11 versos que forman parte de esta pieza. El discurso, de tono confesional, está dirigido a una amante no presente. El yo lírico pide, casi exige, a su amante que le recuerde, porque él mismo no puede olvidar la huella que ha dejado en su alma y su cuerpo.

Las referencias eróticas quedan implícitas en varios versos. Ha sido una relación urgente, pasional y el poeta ha quedado marcado a fuego. Neruda juega en toda la pieza con los contrastes, con las antítesis: el cielo y el ocaso, pasos que vuelven y retornan, voz y silencio, dentro y lejano, estrella fría. El yo lírico no parece capaz de comprender la naturaleza compleja de sus sentimientos y define su estado psicológico como una amalgama de contradicciones.

En este sentido, el primer verso del poema es elocuente. La relación entre dos amantes como amor y miedo. Tal vez esté presente aquí una de las obsesiones más presentes en la poesía de su juventud: la incapacidad para poseer a la persona amada, de lograr una comunión completa y estable. Así es el amor. Y el sexo, otro de los elementos probablemente implícitos en el poema.

En la segunda parte de la pieza, el yo lírico concentra su discurso en las consecuencias que tienen esa relación en su estado mental. La ausencia de su amada modela un panorama onírico, casi angustioso, en el que los recuerdos van tiñendo el alma de oscuridad, mientras llega el momento del reencuentro.

“Esclava mía” es incertidumbre de un amor juvenil, es pulsión erótica y mucha confusión. Los amantes son esclavos de sus propios deseos, de sus temores y anhelos. Pretenden alcanzar algo imposible: poseer el alma (y el cuerpo) de la persona amada. Ese deseo no satisfecho deriva en insatisfacción, angustia e incertidumbre. Neruda expone así varios de los elementos clásicos de la primera fase de su trayectoria poética.


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