Ella que Pasa, Mario Benedetti

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Paso que pasa
rostro que pasabas
qué más quieres
te miro
después me olvidaré
después y solo
solo y después
seguro que me olvido

Paso que pasas
rostro que pasabas
qué más quieres
te quiero
te quiero sólo dos
o tres minutos
para conocerte más
no tengo tiempo.

Paso que pasas
rostro que pasabas
qué más quieres
ay no
ay no me tientes
que si nos tentamos
no nos podremos olvidar
adiós.

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Análisis

Una mujer pasa junto al poeta. A él le gusta pero sabe que olvidará su rostro cuando pase a su lado. Se acercan, le gusta más y esto hace que sienta que no sólo serán unos segundos. Será algo más, despertando su interés y deseando ralentizar el tiempo, saber algo más de ella.

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Ella también lo mira y el poeta siente que puede haber algo más, amor, una relación que puede ser importante. El poeta sigue su camino cuando se cruzan y no se detiene. Dos personas que se cruzan y se paran uno frente al otro, puede hacer que todo cambie para siempre y todo gracias a una mirada.

Este poema no es únicamente una escena, muy bien escrita, de un encuentro furtivo de unas miradas, de un rostro bello que le gusta. Este poema nos habla del miedo a vivir nuevas experiencias, de descubrir algo nuevo, interesante, que nos puede sorprender en cualquier momento y en cualquier lugar.

La diferencia está en atreverse a mantener la mirada, en buscar el encuentro con la otra persona, detenerse y observar. Sobre todo cuando tenemos la seguridad de que seremos correspondidos o, por lo menos, que habrá un interés de la otra persona hacia nosotros. Lo importante de este poema es que el final es abierto por que no sabemos a ciencia cierta si el poeta realmente pasa de largo o el cruce de miradas hace que se detenga y que haya una necesidad de acercamiento hacia esa mujer, hacia ese rostro que tanto le ha atraído.

El miedo no es únicamente por esa cierta atracción que pueda haber entre los dos. El miedo es por lo que puede suceder después. En ningún momento se nos dice si alguno de los dos o ambos están comprometidos con otras personas. Únicamente es relevante el instante, el encuentro que se produce entre ambos.

El miedo real es que ocurra algo que cambie sus vidas de madera trascendental. Es por ello que intuimos que hay algo más que una atracción. Con una simple mirada se han comunicado muchísimo, se han dicho mucho más que con palabras. Y, sin embargo, el lector queda atrapado y, al mismo tiempo, se nos deja con la miel en los labios porque no sabemos qué es lo que sucederá después. Es por ello que cada uno de nosotros es libre de imaginar lo que desee.


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