Elegir mi Paisaje, Mario Benedetti

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Si pudiera elegir mi paisaje
de cosas memorables, mi paisaje
de otoño desolado,
elegiría, robaría esta calle
que es anterior a mí y a todos.

Ella devuelve mi mirada inservible,
la de hace apenas quince o veinte años
cuando la casa verde envenenaba el cielo.
Por eso es cruel dejarla recién atardecida
con tantos balcones como nidos a solas
y tantos pasos como nunca esperados.

Aquí estarán siempre, aquí, los enemigos,
los espías aleves de la soledad,
las piernas de mujer que arrastran amis ojos
lejos de la ecuación dedos incógnitas.

Aquí hay pájaros, lluvia, alguna muerte,
hojas secas, bocinas y nombres desolados,
nubes que van creciendo en mi ventana
mientras la humedad trae lamentos y moscas.

Sin embargo existe también el pasado
con sus súbitas rosas y modestos escándalos
con sus duros sonidos de una ansiedad cualquiera
y su insignificante comezón de recuerdos.

Ah si pudiera elegir mi paisaje
elegiría, robaría esta calle,
esta calle recién atardecida
en la que encarnizadamente revivo
y de la que sé con estricta nostalgia
el número y el nombre de sus setenta árboles.

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Análisis

El poeta recuerda la calle donde nació y vivió. Una calle más vieja que él y que es el paisaje de sus recuerdos. Ahora está vacía y su color verde destaca más los balcones vacíos y las estancias sin nadie que las de decore. Son nidos vacíos de vida. En su recuerdo están personas que no le gustaban y las primeras sensaciones desconocidas al ver a una mujer.

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La infancia del poeta estuvo llena de vida, pero no parece que fuera demasiado feliz por los acontecimientos, ya que son recuerdos tristes, de muerte y calor húmedo. También tiene recuerdos hermosos para el amor y las sensaciones que tiene de ellos. Aún con todo lo sucedido, ese lugar, esa calle y casa son sus paisajes porque recuerda hasta el nombre de cada uno de los árboles que se alineaban junto a su hogar.

En este caso, Benedetti no nos describe detalladamente su casa, tampoco nos dice el nombre de la calle ni el número de la misma. Únicamente nos sitúa el poema en otoño frente a su casa, vacía, sin vida. Lo único que hace que esa estancia vuelva a brillar, a revivir, son los recuerdos que el poeta tiene de ella.

Pasa de puntillas sobre su infancia, que transcurre entre la melancolía y la felicidad por el descubrimiento del amor. Sin embargo, vuelve a insistir sobre lo vacío de la casa, sobre la negatividad que le producía el que muchas de las personas que allí iban no fueran de su agrado, quizás porque no lo trataban de la forma que él hubiera deseado.

Sin embargo, en ningún momento hay un reproche hacia las personas que ya no están. No vemos que hable mal de nadie o que intente justificar sus recuerdos diciendo que alguien ha hecho algo malo hacia él. Nos presenta un paisaje otoñal, que incluye alguna muerte, seguramente familiar. Pero también nos va indicando como el paso del tiempo se ve también en el recuerdo de la casa, en cómo esta va envejeciendo con los años hasta, finalmente, quedar vacía por completo.

Aun así, el poeta es consciente de que no sería quien es actualmente sin la presencia de ese hogar, de las personas que pasaron por allí, de los recuerdos melancólicos y de los días felices, así como el descubrimiento del amor, del sexo y de una vida que poco a poco se iba tejiendo para ser la persona que es actualmente. Lo más hermoso del poema, además de lo dicho anteriormente, es esa sensación personal, dulce y feliz que tiene al recordar a los árboles que crecían en la calle, de los que él dice que recuerda su nombre. Quizá fueran lo que más quiso antes de dejar el hogar.


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