El mar y tú, Julia de Burgos

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La carrera del mar sobre mi puerta
es sensación azul entre mis dedos,
y tu salto impetuoso por mi espíritu
es no menos azul, me nace eterno.

Todo el color de aurora despertada
el mar y tú lo nadan a mi encuentro,
y en locura de amarme hasta el naufragio
van rompiendo los puertos y los remos.

¡Si tuviera yo un barco de gaviotas,
para sólo un instante detenerlos,
y gritarle mi voz a que se batan
en un sencillo duelo de misterio!

Que uno en el otro encuentren su voz propia,
que entrelacen sus sueños en el viento,
que se ciñan estrellas en los ojos
para que den, unidos, sus destellos.

Que sea un duelo de música en el aire
las magnolias abiertas de sus besos,
que las olas se vistan de pasiones
y la pasión se vista de veleros.

Todo el color de aurora despertada
el mar y tú lo estiren en un sueño
que se lleve mi barco de gaviotas
y me deje en el agua de dos cielos.

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Análisis

A través de las estrofas del poema, la autora nos va escribiendo la relación de amor que existe entre ella y su amado.

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Como las olas del mar, que se adentran húmedas en la costa marcando en la arena su llegada, en esta primera estrofa se nos habla del deseo amoroso. Éste romper de la ola, la sensación de deseo, excitación, provoca la sudoración, el calor, las gotas saladas, que se marcan en los cuerpos cuando se secan.

En la siguiente estrofa se habla de que el amor destroza su realidad y no puede hacer nada para contener los sentimientos. El amado, impetuoso como el amanecer y su calor, se expanden en todo lo que la rodea y, como el mar, ha desgastado sus valores, sus defensas, su realidad, como una fuerza desconocida.

En la tercera estrofa se incide nuevamente en que la poetisa no puede luchar para frenar ese amor. Es consciente de que ha perdido su libertad, la gaviota, por su entrega al ser amado.

Cuando nos adentramos en la cuarta estrofa, se nos presenta que la unión entre ellos es perfecta, se complementan en todo juntos tienen un brillo especial, como las estrellas. En la quinta estrofa su amor, su pasión, en contra de todo lo que pueda parecer, es lo que les hace realmente libres y es lo que crea su propio sonido en el sexo. Su pasión es libre también.

En la última estrofa se adentra en una situación que puede darse, que es el fin de la relación. Si llegara ese momento, si ocurre, es consciente de que no sentirá algo igual con otra persona. Incluso siendo consciente de que la sensación de vacío es real, el recuerdo de su amado estará presente y no se sentirá tan vacía. El cielo y su reflejo en el mar, son dos cielos iguales. No hay reproches, sólo amor.

Estamos ante un poema en el que la protagonista describe, desde un punto de vista muy íntimo, una relación con el ser amado. Esta relación se fragua con una entrega mutua de ambos sin pensar en el mañana, viviendo el momento y sintiendo que la experiencia que ambos están disfrutando es única e irrepetible. De la misma forma que el mar cuando llega la costa, a la orilla en forma de olas, nunca lo hace de la misma forma ni con el mismo ímpetu ni deja el mismo rastro. Su relación es igual.

Cada día es un día diferente, lleno de luz, calor, pasión, sexo, amor. Siempre conscientes de que en cualquier momento puede romperse esa magia. Sin embargo, ese rompimiento sería cargado de amor, de deseo, y con la conciencia de haber vivido una experiencia tan maravillosa que marcará el destino de su vida. Digamos que es el amor puro, pasional que siempre alguno de nosotros ha querido y deseado conocer.


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