Dormir, Amado Nervo

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¡Yo lo que tengo, amigo, es un profundo
deseo de dormir!... ¿Sabes?: el sueño
es un estado de divinidad.
El que duerme es un dios... Yo lo que tengo,
amigo, es gran deseo de dormir.

El sueño es en la vida el solo mundo
nuestro, pues la vigilia nos sumerge
en la ilusión común, en el océano
de la llamada «Realidad». Despiertos
vemos todos lo mismo:
vemos la tierra, el agua, el aire, el fuego,
las criaturas efímeras... Dormidos
cada uno está en su mundo,
en su exclusivo mundo:
hermético, cerrado a ajenos ojos,
a ajenas almas; cada mente hila
su propio ensueño (o su verdad: ¡quién sabe!)

Ni el ser más adorado
puede entrar con nosotros por la puerta
de nuestro sueño. Ni la esposa misma
que comparte tu lecho
y te oye dialogar con los fantasmas
que surcan por tu espíritu
mientras duermes, podría,
aun cuando lo ansiara,
traspasar los umbrales de ese mundo,
de tu mundo mirífico de sombras.

¡Oh, bienaventurados los que duermen!
Para ellos se extingue cada noche,
con todo su dolor el universo
que diariamente crea nuestro espíritu.
Al apagar su luz se apaga el cosmos.

El castigo mayor es la vigilia:
el insomnio es destierro
del mejor paraíso...

Nadie, ni el más feliz, restar querría
horas al sueño para ser dichoso.
Ni la mujer amada
vale lo que un dormir manso y sereno
en los brazos de Aquel que nos sugiere
santas inspiraciones. ..
«El día es de los hombres; mas la noche,
de los dioses», decían los antiguos.

No turbes, pues, mi paz con tus discursos,
amigo: mucho sabes;
pero mi sueño sabe más... ¡Aléjate!
No quiero gloria ni heredad ninguna:
yo lo que tengo, amigo, es un profundo
deseo de dormir...

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Análisis

Dormir es el título de uno de los poemas escritos por el gran José Amado Ruiz de Nervo (Tepic, 1870 – Monteviedo, 1919); uno de los más destacados poetas mexicanos. Dio comienzo a sus estudios en el seminario de Zamora en el año 1886 pero en 1891 los abandonaría sus estudios a causa de la difícil situación económica. Su paso por el seminario contribuyó a que sus primeras obras poéticas estuvieran inspiradas en la religión y en el misticismo. Lo situamos en la etapa modernista, y destacamos que llegó a ser apodado por muchos como “hijo literario de Rubén Darío”, a quien conoció en París.

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Escribió para diferentes revistas, como por ejemplo La Revista Azul, y fundó junto a su amigo Jesús Valenzuela La Revista Moderna. En 1900 se marchó a París para trabajar como corresponsal y vivió allí dos años. En dicha ciudad francesa conoció a la que sería su mujer, pero ésta murió en 1912. El sufrimiento experimentado tras su muerte inspiró su obra titulada La amada inmóvil. Cuando regresó a México trabajó como inspector de la enseñanza de Literatura y como diplomático, viajando, pues, por diferentes países: Argentina, España, Uruguay…

Su obra se divide en tres etapas: la primera está marcada, como ya hemos mencionado, por la espiritualidad y la religión; la segunda corresponde a su etapa en París; y la tercera etapa es aquella en la que más se aprecia la influencia europea y de otros países latinoamericanos.

También escribió prosa: novelas, ensayos y cuentos, de entre lo que destacamos su obra de El bachiller. Dormir es un extenso poema de cuarenta y nueve versos que podría ser una silva: una serie de versos heptasílabos y endecasílabos de rima y esquema variable. Este poema es una interesante reflexión sobre la realidad, sobre el mundo en el que vivimos y del que sólo podemos huir a través del sueño. Es además una completa Oda al sueño.

Comienza el poema (versos 1 – 5) dirigiéndose en segunda persona a alguien a quien denomina “amigo”; este amigo será el interlocutor, a él le está explicando qué entiende por dormir y cuánto le gusta. Entre los versos seis y diecisiete nos está explicando que el único mundo que de verdad poseemos es el de nuestros sueños; la realidad no nos pertenece en absoluto sino que nosotros le pertenecemos a ella, nos sumergimos en ella en el anonimato. Apreciamos en el verso número diecisiete una clara influencia platónica como ya vimos en otros de sus poemas: “su propio sueño (o su realidad: ¡quién sabe!)”. En la siguiente estrofa, entre los versos dieciocho y veintisiete, elogia la privacidad de los sueños, lo fabuloso que resulta que nadie (ni siquiera la esposa) pueda penetrar en ellos.

A partir del versos treinta y tres y hasta el final se irá continuando una serie de elogios al acto de dormir: “el insomnio es destierro del mejor paraíso” (versos 34 y 35), “Ni la mujer amada vale lo que un dormir manso y sereno” (versos 39 y 40), etc. Además esta última parte se caracteriza por la presencia de ciertos términos e ideas inspirados en la religión, elemento fundamental en su literatura; por ejemplo: castigo, Paraíso, santas o “Aquel” (refiriéndose a Dios en el verso 40). Nervo finaliza el poema diciendo que no quiere ni “gloria” ni “heredad” (verso 47), sino dormir y dormir.

Resulta un poema muy original por su temática y realmente filosófico por su contenido. Es ciertamente el sueño lo único secreto que poseemos, aunque, no sé si Nervo estaría de acuerdo conmigo, tampoco nos pertenece… pues son muchas las veces que nos despertamos sobresaltados refugiándonos entonces en esa realidad de la que nuestro poeta huye.


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