Dolor! ¡Dolor! Eterna Vida Mía, José Martí

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¡Dolor! ¡Dolor! eterna vida mía,
Ser de mi ser, sin cuyo aliento muero!

* * *

Goce en buen hora espíritu mezquino
Al son del baile animador, y prenda
Su alma en las flores que el flotante lino
De mujeres bellísimas engasta:?

Goce en buen hora, y su cerebro encienda
En la rojiza lumbre de la incasta
Hoguera del deseo:?

Yo, ?embriagado de mis penas,? me devoro,
Y mis miserias lloro,
Y buitre de mí mismo me levanto,
Y me hiero y me curo con mi canto,
Buitre a la vez que altivo Prometeo.

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Análisis

El sufrimiento es un sentimiento muy representativo de la poesía. Cuando tocamos la temática de los sentimientos, este aparece siempre en alguno de los versos o poemas que todo autor de poesía escribe. Con mayor menor acierto podemos sentir lo que el poeta ha querido expresar a través de su poema.

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En este caso, el poeta siente que el dolor es parte de sí mismo y no puede separarse de su vida y su creación literaria. No se siente bien consigo mismo. Hay algo que le hace sentir infeliz, pero él se entrega la pasión, a la vida, al amor. Quiere despertar al deseo, entregarse a él por completo.

Al mismo tiempo el poeta se siente desolado interiormente. Es consciente de ello y no le importa. Quiere entrar en una espiral autodestructiva, desea hacerlo. Siente que lo merece, como castigo divino, como Prometeo, castigado por Zeus a que un águila le devorara el hígado cada mañana y que éste volviera a regenerarse durante la noche.

El poeta no da explicaciones acerca de cuáles son las causas reales de ese dolor interior, de ese sufrimiento que le hace sentir que merece un castigo, aunque al mismo tiempo desee amar. Lo que sí es cierto es que es algo que no tiene consuelo, que no le hace sentir bien y que, sobre todo, ha interrumpido su camino vital de una manera muy importante.

Esta ambigüedad poética suele ser habitual en muchos poetas que hablan de sus sentimientos pero de una manera muy superficial. De alguna manera dejan en el aire un algo, pero no lo abordan en su complejidad, con sus actores y con las consecuencias del mismo. Este es uno de esos casos en los que, además, destaca esa contradicción del poeta por la que hay un sufrimiento interior y, al mismo tiempo un deseo de amar.

Llegados a este punto tenemos la sensación de que, aunque hay dramatismo en el poema y quiere hacernos llegar esos sentimientos tan negativos, de alguna manera nos quedamos con un gusto insípido, faltándole a estos versos mayor calado y, sobre todo, concreción en la temática y los verdaderos motivos que llevaron al poeta a escribir el poema.


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