Y Dios me Hizo Mujer, Gioconda Belli

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Y Dios me hizo mujer,
de pelo largo,
ojos,
nariz y boca de mujer.
Con curvas
y pliegues
y suaves hondonadas
y me cavó por dentro,
me hizo un taller de seres humanos.
Tejió delicadamente mis nervios
y balanceó con cuidado
el número de mis hormonas.
Compuso mi sangre
y me inyectó con ella
para que irrigara
todo mi cuerpo;
nacieron así las ideas,
los sueños,
el instinto.
Todo lo que creó suavemente
a martillazos de soplidos
y taladrazos de amor,
las mil y una cosas que me hacen mujer todos los días
por las que me levanto orgullosa
todas las mañanas
y bendigo mi sexo.

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Análisis

En el título de este poema de la escritora nicaragüense Gioconda Belli encontramos las palabras claves que nos revelan los dos temas fundamentales que lo sustentan: la mujer y Dios. Se trata de un poema compuesto por veintiséis versos a lo largo de los cuales nuestra apasionada poetisa reflexiona con orgullo, placer y consciencia sobre su naturaleza femenina y da un lugar importantísimo a creer en Dios, pues en todo momento se define como su criatura.

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Podríamos dividir el poema en tres partes fundamentales. La primera de estas partes la encontramos entre los versos uno y nueve. Comienza la autora realizando una enumeración de elementos físicos propios de la mujer como son el pelo largo, las curvas, el vientre materno… etc. Aquí recurre a los tópicos haciendo exclusivo de la mujer detalles como llevar el pelo largo y no corto, o tener “pliegues”. Nos ofrece orgullosa una visión clásica y al mismo tiempo revolucionaria de la mujer. Y no olvida mencionar el objetivo principal de Dios para con la mujer: “taller de seres humanos” (verso 9), y es que ciertamente el útero es aquello que más la diferencia del hombre. Para Dios la finalidad primera y última de la mujer es que sea madre.

La segunda parte es aquella que se encuentra entre los versos diez y diecinueve. En esta segunda parte está nombrando otras cosas que forman parte de su ser físico pero que no necesariamente la distancian del sexo opuesto: nervios, sangre, hormonas. Y enlaza estas partes del cuerpo con otras más abstractas, que no se ven pero sí se sienten y que son especiales y diferentes en cada individuo: las ideas, los sueños, los instintos. Todo esto de lo que Belli hace mención lo encontramos por igual tanto en hombres como en mujeres ¿pues acaso los hombres no tienen sangre? ¿O ideas y sueños? Pero quizás la poetisa quiso resaltar precisamente que la mujer también cuenta con ello pues es sabido que, en muchos lugares del mundo y a lo largo de muchos siglos de historia, conceptos como ideas, sueños o instintos les han sido reprimidos al sexo femenino. Cada individuo y cada mujer tiene su propia personalidad.

La idea defendida en la tercera y última parte del poema, la cual ocupa desde el verso número 20 al número 26, es la reiteración de lo orgullosa que se siente de ser mujer. En estos versos aparecen varias paradojas como “creó suavemente a martillazos” (versos 20 y 21) y “taladrazos de amor” (verso 22) con las que nos quiere hacer sentir cómo la mujer, a pesar de tratarse de un ser dulce y delicado, una parte de la creación que Dios trató de cuidar dándole como regalo traer al mundo a sus hijos, la humanidad la ha tratado con desigualdad y desprecio, con palabras y gestos tan duros como los martillazos o los taladrazos. El poema termina bendiciendo al sexo femenino y reconociendo, sin dar más detalles, que la mujer tiene mucho trabajo a lo largo de su día.

Es un poema cargado de sinceridad; la autora no sólo se sinceró con ella misma sino con la sociedad que iba a leerla. Y aporta una visión muy revolucionaria de la mujer como criatura de Dios.


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