Si Dios fuera una Mujer, Mario Benedetti

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¿Y si Dios fuera mujer?
pregunta Juan sin inmutarse,
vaya, vaya si Dios fuera mujer
es posible que agnósticos y ateos
no dijéramos no con la cabeza
y dijéramos sí con las entrañas.

Tal vez nos acercáramos a su divina desnudez
para besar sus pies no de bronce,
su pubis no de piedra,
sus pechos no de mármol,
sus labios no de yeso.

Si Dios fuera mujer la abrazaríamos
para arrancarla de su lontananza
y no habría que jurar
hasta que la muerte nos separe
ya que sería inmortal por antonomasia
y en vez de transmitirnos SIDA o pánico
nos contagiaría su inmortalidad.

Si Dios fuera mujer no se instalaría
lejana en el reino de los cielos,
sino que nos aguardaría en el zaguán del infierno,
con sus brazos no cerrados,
su rosa no de plástico
y su amor no de ángeles.

Ay Dios mío, Dios mío
si hasta siempre y desde siempre
fueras una mujer
qué lindo escándalo sería,
qué venturosa, espléndida, imposible,
prodigiosa blasfemia.

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Análisis

Para el poeta, si Dios fuera mujer haría que muchos agnósticos se volvieran creyentes. Esa nueva fe saldría de lo más profundo del ser humano. El pueblo volvería más a la iglesia porque Dios sería más terrenal, más cercano y amoroso. Que no estaría alejado, ni sería un dios frío, ni una escultura o imagen inexpresiva.

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Si Dios fuera mujer creeríamos más. El matrimonio no sería una dependencia obligada hasta la muerte. Ya no se usaría el miedo a la enfermedad, a la muerte y sí habría un canto a la vida, a la inmortalidad del ser humano a través de la fecundación, la maternidad.

Si Dios fuera mujer no habría infierno. Ella sería todo amor y nadie sería condenado. Si Dios fuera mujer, la propia Iglesia buscaría la forma de cambiarlo. Buscaría que todo lo relacionado con ella fuera pecado, buscaría lo imposible para que no fuera verdad.

Cuando acabamos de leer este poema nos asaltan una serie de sentimientos encontrados. Por un lado Benedetti nos habla de un dios femenino para el que todo es amor. Un dios que sería mujer y cambiaría por completo la visión de la Iglesia, que traería a nuevos fieles y a aquellos que se desviaron de la fe, que renunciaron a ella o que estaban perdidos.

Sin embargo, también ofrece una imagen un tanto sexualizada de la religión. Cuando habla de Dios como mujer, lo hace desde un punto de vista masculino que más parece una relación sentimental, y en algunas ocasiones casi sexual, hacia su figura. Es por ello que el mensaje que pretende dar el poema está un poco distorsionado y, sobre todo, hasta cierto punto es polémico.

Las virtudes de la mujer son numerosas, pero cuando hablamos de fe, de religión hay que pensar que la figura de Dios es amor, que no sexo. Es por ello que si el poeta empieza a hacer diferencias, el poema de alguna manera pierde su valor.

Benedetti intenta en este poema poner de relevancia la importancia que la mujer tiene dentro de la religión, no sólo por su fe sino también por su capacidad de amar. Esto ha llevado a la personificación de Dios como tal, como una mujer, intentando darle una relevancia que, cuando leemos el poema, no acaba de llegar al lector. Esto es posible que se produzca por la mirada demasiado masculina de la idea del poema.


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