Despedida, Jorge Luis Borges

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Entre mi amor y yo han de levantarse
trescientas noches como trescientas paredes
y el mar será una magia entre nosotros.

No habrá sino recuerdos.
Oh tardes merecidas por la pena,
noches esperanzadas de mirarte,
campos de mi camino, firmamento
que estoy viendo y perdiendo...
Definitiva como un mármol
entristecerá tu ausencia otras tardes.

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Análisis

La pérdida del amor es una constante muchos poetas y sus textos literarios. Como no podía ser de otra manera, Borges también hace uso de esta temática para construir este poema.

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El fin del amor, entre la amda y el poeta, es un final trágico, es un final con mucha carga de sentimientos y con una necesidad por parte del autor de marcar la distancia entre los dos. Su amor, que sigue como el primer día, por lo que podemos interpretar que ha sido abandonado, lo está destruyendo, lo está atacando y él tiene una necesidad de defenderse. Por eso, como si fuera la personificación de una batalla, construye una fortificación emocional entre su amada, el amor y él.

En el primer grupo de tres versos de este pequeño poema, podremos ver esa representación edificada de la distancia. Es una visión crítica, nocturna, oscura, como su ceguera. Para aumentar más el dramatismo de ese momento, no habla solamente de un muro, de una muralla que lo separa, habla de 300 paredes. La casi imposible comunicación entre ellos, el imposible asalto e, incluso, la reconquista de ese amor. El poeta se cierra a volver a recuperar cualquier tipo de encuentro entre él y su amada. Ésas 300 paredes, aumentan no sólo la sensación de angustia, claustrofobia, oscuridad, sombra, sino también la sensación de soledad del poeta. Incluso la imagen del mar, marca todavía más la distancia, porque su sonido impedirá el poder escuchar la voz de su amor.

A partir de este grupo de tres versos, aparece otro mayor de siete en el que, en su comienzo, ya se marca perfectamente la intención del poeta. Única y exclusivamente el recuerdo será la constante de la relación entre los dos amantes, ahora separados. El poeta se centra en la pena como algo que merece. La tristeza, la soledad nos rodea y, sin embargo, contrasta el hecho de que hay un deseo de volver a verla, de que esos “campos” florezcan otra vez y sea un punto de encuentro entre los dos caminos, el de él y el de ella. Para él, por su ceguera, ella es el firmamento, las estrellas brillantes en la noche y que, sin embargo, está perdiendo con lo que su ceguera física, sentimental y amorosa va creciendo.

El miedo del poeta también está en pensar que, si deja que la distancia entre los dos sea definitiva, la muerte le sobrevenga su amada antes que él, quedando entonces como único recuerdo una lápida, es ese mármol del que habla y que, lo único que hará, será entristecer, el poco tiempo que le quede, convirtiendo sus tardes y sus días en un continuo otoño, en el que poco a poco se irá marchitando.


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