Deseos, Salvador Díaz Mirón

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Yo quisiera salvar esa distancia
ese abismo fatal que nos divide,
y embriagarme de amor con la fragancia
mística y pura que tu ser despide.

Yo quisiera ser uno de los lazos
con que decoras tus radiantes sienes;
yo quisiera en el cielo de tus brazos
beber la gloria que en los labios tienes.

Yo quisiera ser agua y que en mis olas,
que en mis olas vinieras a bañarte,
para poder, como lo sueño a solas,
¡a un mismo tiempo por doquier besarte!

Yo quisiera ser lino y en tu lecho,
allá en la sombra, con ardor cubrirte,
temblar con los temblores de tu pecho
¡y morir de placer al comprimirte!

¡Oh, yo quisiera mucho más! ¡Quisiera
llevarte en mí como la nube al fuego,
mas no como la nube en su carrera
para estallar y separarse luego!

Yo quisiera en mí mismo confundirte,
confundirte en mí mismo y entrañarte;
yo quisiera en perfume convertirte,
¡convertirte en perfume y aspirarte!

¡Aspirarte en un soplo como esencia,
y unir a mis latidos tus latidos,
y unir a mi existencia tu existencia,
y unir a mis sentidos tus sentidos!

¡Aspirarte en un soplo del ambiente,
y así verte sobre mi vida en calma,
toda la llama de tu pecho ardiente
y todo el éter del azul de tu alma!

Aspirarte, mujer... De ti llamarme,
y en ciego, y sordo, y mudo constituirme,
y en ciego, y sordo, y mudo consagrarme
al deleite supremo de sentirte
¡y a la dicha suprema de adorarte!

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Análisis

Este es uno de esos poemas en el que la exaltación del deseo amoroso del poeta hacia su amada lo inunda todo. Todo es deseo, pasión, entrega y una exagerada devoción por la mujer, que a los ojos del poeta es más que una persona, más que algo humano, acercándose casi a la divinidad, algo que está mucho más allá del propio amor.

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Así, el poeta quiere estar cerca de su amada y poder sentirla a su lado. Nos presenta a una joven, casi niña a la que quiere, a la que ama, y desea ser correspondido por ella. Desea hacer su sueño realidad y sentir el roce de sus labios en los suyos. Quiere ser parte de su vida diaria, protegerla, estar en el lecho con ella.

Su mayor deseo tenerla siempre y disfrutar plenamente en todos los aspectos. Ser parte de su vida y conocer hasta lo más profundo de su ser y viceversa es algo que anhela. Quiere un camino en común, tanto vital como amoroso y sexual. Para el poeta, estos dos conceptos son parte esencial de lo que él interpreta como relación. Ella tiene un interior bueno y honesto. Esta entregado a la joven completamente y su fin último es cuidarla y amarla siempre, como el creyente a una virgen.

Siendo consciente de lo que puedan pensar muchos lectores, al acabar de leer el poema, hay una sensación un poco extraña, negativa y hasta cierto punto truculenta del deseo amoroso del poeta. Esto se debe a una interpretación personal que se desprende al leer entre líneas y que hace sentir una cierta inquietud. Por un lado tenemos a una persona mayor que desea ser correspondido por su amada, que es una persona joven, demasiado joven e incluso, parece, llegando a ser menor de edad.

El deseo consciente de una persona mayor por una chica joven de corta edad hace que el poema pierda toda sensación de inocencia y que el aspecto amoroso resulte hasta cierto punto rechazable por parte del lector. No parece que sea una relación sana, de igual a igual y, sobre todo, parece que hay un deseo de manipular a la amada para ser correspondido, por lo que la sensación de rechazo aumenta hacia el protagonista del poema.


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