El Descanso del Guerrero, Roque Dalton García

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Los muertos están cada día más indóciles.

Antes era fácil con ellos:
les dábamos un cuello duro una flor
loábamos sus nombres en una larga lista:
que los recintos de la patria
que las sombras notables
que el mármol monstruoso.

El cadáver firmaba en pos de la memoria:
iba de nuevo a filas
y marchaba al compás de nuestra vieja música.

Pero qué va
los muertos
son otros desde entonces.

Hoy se ponen irónicos
preguntan.

Me parece que caen en la cuenta
de ser cada vez más la mayoría.

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Análisis

Hoy día la muerte ya no significa nada, sólo es una etapa de la vida y cuando morimos somos uno más. El poeta recuerda cuando la muerte era un momento importante, donde se recordaba la memoria de la persona y era reconocida. Su muerte era tratada de otra manera, formaba parte de un grupo que se utilizaba como referencia social, patriótica. Su recuerdo se mantenía vivo.

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La importancia de una persona reconocida llega más allá de la muerte y su esencia se mantiene viva para que sea un referente en la lucha del pueblo, de un país. Cuando todo esto se ha perdido, la muerte, ese paso último, también ha cambiado. Hoy se relativiza la muerte y no se le da la importancia que tiene. Es por ello que esta cada vez pasa más desapercibida.

Como podemos observar en este poema, el poeta denuncia como la sociedad ha dejado de llorar a sus muertos. La muerte ha dejado de ser un momento de despedida social, familiar y un momento importante, para pasar a ser un mero trámite en el que casi se hace desaparecer al muerto.

El poeta añora esos momentos en el que la muerte era algo especial, era un momento en el que la persona fallecida era recordada. Si era importante se mantenía su recuerdo vivo como referencia para las generaciones venideras. Actualmente hay la sensación de que se ha de hacer desaparecer el cadáver de una manera rápida y lo menos visible posible.

Desde el punto de vista social, cada vez más la muerte es algo que se quiere apartar de la realidad. El ser humano, quiera o no quiera, acabará muriendo, pero la sociedad se ocupa y se preocupa de retrasar el momento de la despedida y, en muchos casos, se convence a si misma de poder evitar que el encuentro con la muerte llegue antes o después.

Queremos vivir una eterna juventud que es imposible de vivir. Por eso, cuando llega ese último momento, hacemos que sea breve y que pase lo antes posible, como si no hubiese ocurrido, para hacer desaparecer cuanto antes no solamente la persona, sino también su recuerdo, su legado, etc.


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