Defensa de la alegría, Mario Benedetti

Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas

defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos

defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias

defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres

defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y también de la alegría.

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Análisis

Durante gran parte de los años 70, la obra de Mario Benedetti, especialmente su poética, está marcada por un fuerte desarraigo y un tono más oscuro, producto de su exilio, primero en Cuba y más tarde en España. Es una década compleja a nivel político en Sudamérica, con graves conflictos de los que surgen terribles dictaduras. Benedetti, como ya había mostrado en etapas anteriores, asume la realidad social y política incorporándolas a su obra poética, siempre con un matiz comprometido, pero desmitificador y bastante desmarcado de lo panfletario.

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“Defensa de la alegría”, pertenece a su poemario “Cotidianas”, y en él puede apreciarse este tono desencantado, belicoso y de defensa a ultranza de sus compromisos con la vida y con el prójimo. En esta pieza no apreciamos la juguetona ironía de otras etapas, ni el sentido del humor que busca desacralizar y relativizar el sentido de la vida. En “Defensa de la alegría”, se percibe un compromiso férreo, sin ambages. La situación vital del poeta no le permite acudir al humor como antídoto contra la angustia. Pretende forjar un poema lapidario, de mensaje ardiente y gran riqueza metafórica.

A pesar de usar un lenguaje sencillo, como es habitual en el escritor uruguayo, esta pieza está vestida con lujosas metáforas y antítesis que elevan la categoría del poema y permiten en el lector la reflexión y una variada interpretación. El hecho de que haya que “defender la alegría”, supone que alguien la está atacando. Surge un evidente paralelismo con la situación política de diversos territorios de Sudamérica.

Pero no solo es un poema de resonancias políticas y sociales, también es un alegato contra los sinsabores de la vida: la enfermedad, la melancolía, el paso del tiempo, la muerte. Todo ello, en algún momento, inevitable, pero que no debe ahogar nuestro deseo de vivir. Se trata, también, de no caer en la autocompasión, de no hincar la rodilla, ni ante la enfermedad, ni ante los miserables.

La riqueza metafórica de estos versos alcanza un punto culminante en la obra de Benedetti. El poeta juega con las antítesis (Bomberos/fuego, rayo/melancolía, ingenuos/canallas) y gracias a la repetición de su estructura, logra un ritmo de alegato que se adhiere con facilidad a la piel del lector. Otras de sus figuras retóricas, como “los proxenetas de la risa”, potentes y evocadoras, refuerzan el carácter combativo del poema. Otros versos, más sencillos, nos facilitan la comprensión del mensaje (“de la obligación de estar alegres”), cerrando el poema con un verso muy sugerente y de interpretación variada.

“Defensa de la alegría”, supone en suma, defender nuestras convicciones antes las agresiones, ante los convencionalismos, y ante la alegría…


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