Danza de la Muerte, Federico García Lorca

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El Mascarón. ¡Mirad el mascarón!
¡Cómo viene del África a New York!

Se fueron los árboles de la pimienta,
los pequeños botones de fósforo.
Se fueron los camellos de carne desgarrada
y los valles de luz que el cisne levantaba con el pico.

Era el momento de las cosas secas,
de la espiga en el ojo y el gato laminado,
del óxido de hierro de los grandes puentes
y el definitivo silencio del corcho.

Era la gran reunión de los animales muertos,
traspasados por las espadas de la luz;
la alegría eterna del hipopótamo con las pezuñas de ceniza
y de la gacela con una siempreviva en la garganta.

En la marchita soledad sin honda
el abollado mascarón danzaba.
Medio lado del mundo era de arena,
mercurio y sol dormido el otro medio.

El mascarón. ¡Mirad el mascarón!
¡Arena, caimán y miedo sobre Nueva York!

*

Desfiladeros de cal aprisionaban un cielo vacío
donde sonaban las voces de los que mueren bajo el guano.
Un cielo mondado y puro, idéntico a sí mismo,
con el bozo y lirio agudo de sus montañas invisibles,

acabó con los más leves tallitos del canto
y se fue al diluvio empaquetado de la savia,
a través del descanso de los últimos desfiles,
levantando con el rabo pedazos de espejo.

Cuando el chino lloraba en el tejado
sin encontrar el desnudo de su mujer
y el director del banco observaba el manómetro
que mide el cruel silencio de la moneda,
el mascarón llegaba al Wall Street.

No es extraño para la danza
este columbario que pone los ojos amarillos.
De la esfinge a la caja de caudales hay un hilo tenso
que atraviesa el corazón de todos los niños pobres.
El ímpetu primitivo baila con el ímpetu mecánico,
ignorantes en su frenesí de la luz original.
Porque si la rueda olvida su fórmula,
ya puede cantar desnuda con las manadas de caballos;
y si una llama quema los helados proyectos,
el cielo tendrá que huir ante el tumulto de las ventanas.
No es extraño este sitio para la danza, yo lo digo.
El mascarón bailará entre columnas de sangre y de números,
entre huracanes de oro y gemidos de obreros parados
que aullarán, noche oscura, por tu tiempo sin luces,
¡oh salvaje Norteamérica! ¡oh impúdica! ¡oh salvaje,
tendida en la frontera de la nieve!

El mascarón. ¡Mirad el mascarón!
¡Qué ola de fango y luciérnaga sobre Nueva York!

*

Yo estaba en la terraza luchando con la luna.
Enjambres de ventanas acribillaban un muslo de la noche.
En mis ojos bebían las dulces vacas de los cielos.
Y las brisas de largos remos
golpeaban los cenicientos cristales de Broadway.

La gota de sangre buscaba la luz de la yema del astro
para fingir una muerta semilla de manzana.
El aire de la llanura, empujado por los pastores,
temblaba con un miedo de molusco sin concha.

Pero no son los muertos los que bailan,
estoy seguro.
Los muertos están embebidos, devorando sus propias manos.
Son los otros los que bailan con el mascarón y su vihuela;
son los otros, los borrachos de plata, los hombres fríos,
los que crecen en el cruce de los muslos y llamas duras,
los que buscan la lombriz en el paisaje de las escaleras,
los que beben en el banco lágrimas de niña muerta
o los que comen por las esquinas diminutas pirámides del alba.

¡Que no baile el Papa!
¡No, que no baile el Papa!
Ni el Rey,
ni el millonario de dientes azules,
ni las bailarinas secas de las catedrales,
ni construcciones, ni esmeraldas, ni locos, ni sodomitas.
Sólo este mascarón,
este mascarón de vieja escarlatina,
¡sólo este mascarón!

Que ya las cobras silbarán por los últimos pisos,
que ya las ortigas estremecerán patios y terrazas,
que ya la Bolsa será una pirámide de musgo,
que ya vendrán lianas después de los fusiles
y muy pronto, muy pronto, muy pronto.
¡Ay, Wall Street!

El mascarón. ¡Mirad el mascarón!
¡Cómo escupe veneno de bosque
por la angustia imperfecta de Nueva York!

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Análisis

Los barcos negreros van camino a América, a New York. Atrás quedan su vida, su cultura, representada por la pimienta, los paisajes, animales y la belleza que los rodeaba. Todo queda atrás y el futuro son los campos, el trabajo duro en la construcción y las plantaciones de corcho.

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Los esclavos vienen del África negra, donde el sol mata animales, donde existen el hipopótamo y la gacela. El barco con los esclavos viene de África, el sol, del desierto va camino de la lluvia. Navega de uno a otro continente. Los negros esclavos van con miedo, como miedo le daban el desierto y el caimán.

Se les ha obligado a dejar su tierra, su país. Bajo un mismo cielo, en otro continente, su futuro es el trabajo duro y morir enterrados en él. Además de la esclavitud negra, los chinos fueron mano de obra importante y barata. Ellos, los esclavos, no importan. Lo único importante es el dinero para los empresarios y la economía del país.

Hay una referencia a los nichos donde enterraban a los trabajadores chinos. La vida, la alegría, el baile, se mezclan con la sed del dinero del amo, del empresario y la muerte. Los niños dejan de serlo para trabajar. Todo está controlado, pero el paso del control a la revuelta de los esclavos es muy fina. El poeta entiende esto último porque América es tierra de libertad. Los esclavos viven entre la muerte y el beneficio del patrón. América, tierra de libertad, tierra de esclavistas, de muerte y patrones.

El barco de esclavos, de noche, es como una pequeña luciérnaga en una enorme y oscura selva. La imagen de la ciudad iluminada y bulliciosa es destacada por el poeta. En ella se mezclan los espectáculos de todo tipo patrocinados con el dinero de los esclavos.

Hay una referencia a los negros que se mueren el viaje, enfermos. Sólo se mira los beneficios de los patronos y no se distingue entre los adultos con los niños. Atrás quedan la juventud y los sueños. También hay una referencia hay al silencio de la Iglesia ante lo que ocurría en América con los negros y chinos. De la misma forma se critica a todo aquél y aquello que se ha beneficiado de esto.

El movimiento del barco es como un baile. El poeta desea que la naturaleza conquiste el mundo de los hombres y acabe con todo, incluida la codicia de este. La esclavitud es el mayor error de América y New York. América fuera beneficiada del dinero que se obtuvo con el mercado de esclavos.


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