El Cuervo, Edgar Allan Poe


 

Análisis de El Cuervo

En la primera parte del poema, el poeta, en duermevela, escucha un golpe en la puerta de su cuarto. Creyendo saber quién es, en alto lo hace notar de manera sutil. El frío y las sombras que crean la luz que desprende la chimenea, provoca un ambiente lúgubre de rojos y negros. El poeta duda de si es Leonora, su amada muerta.

En la segunda parte del poema, la luz del cuarto hace que todo lo que está en este lo aterre. Vuelve a referirse a ese alguien que cree que es quien llama la puerta. Se arma de valor y abre su cuarto pero nadie está frente a él. Todo lo ocupa la oscuridad y no pueda atisbar nada. Sin embargo lo único cierto es que escucha la voz de su amada muerta. Con miedo vuelva al cuarto, cierran las puertas y vuelven a llamar. El poeta, intentando buscar una respuesta racional al sonido, cree que es el viento de su ventana el que hace que la puerta se mueva y suene.

Nuevamente el sonido aparece y vuelva abrir la puerta. Un cuervo, que se posa sobre el dintel, se queda inmóvil. En un principio parece nervioso ante esta visión e incluso la escena le parece divertida. Se pregunta incluso su nombre y el cuervo responde como humano. El poeta siente que no lo entiende, aunque tenga voz humana, porque no hace más que repetir la misma respuesta.

En la tercera parte, el cuervo, previo mensaje que él no comprende, le hace quedar inmóvil. El poeta cree que sus palabras, pueden empezar tener algún sentido, sobre todo por la fuerza con la que las dice. Sin embargo, la imaginación y fantasía sobre lo que pueda ser le hace sonreír, a lo que el cuervo vuelva a repetir la misma frase, sembrando una ligera inquietud en el hombre.

En la última parte del poema, el poeta siente que el pájaro observa, lo escucha y el ambiente y la luz hacen que el espacio en el que están parezca irreal. Nota un perfume, la presencia de alguien más en la habitación. Cree que es Leonora, pero sabe que está muerta y empieza a no gustarle lo que ocurre. Los recuerdos llegan y quiere que se vayan.

La respuesta del pájaro, del cuervo, la misma de antes, hace que el poeta empieza entender las palabras que grazna el ave, que ha sido enviado por alguien, un ángel o un demonio. Le pregunta al pájaro si su amada Leonora está en el Edén, a lo que el cuervo responde lo mismo de siempre. Desesperado le pide que se vaya y lo deje sólo, pero el pájaro no se va. Los recuerdos, ese cuervo que tiene presente, la muerte en vida, se queda junto al poeta para siempre, esperando a que llegue su día.

Analizado por Susana en Poemas.de