Oh Cristo!, Amado Nervo

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«Ya no hay un dolor humano que no sea mi dolor;
ya ningunos ojos lloran, ya ningún alma se angustia
sin que yo me angustie y llore;
ya mi corazón es lámpara fiel de todas las vigilias,
¡oh Cristo!

»En vano busco en los hondos escondrijos de mi ser
para encontrar algún odio: nadie puede herirme ya
sino de piedad y amor. Todos son yo, yo soy todos,
¡oh Cristo!

»¡Qué importan males o bienes! Para mí todos son bienes.
El rosal no tiene espinas: para mí sólo da rosas.
¿Rosas de Pasión? ¡Qué importa! Rosas de celeste esencia,
purpúreas como la sangre que vertiste por nosotros,
¡oh Cristo!»

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Análisis

Amado Nervo nos presenta un poema muy espiritual y, como otros muchos poetas, aborda el tema del amor a Dios, en este caso a través del dolor y del sufrimiento.

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En la primera estrofa de este poema nos habla del dolor de los demás, del sufrimiento y como el poeta los hace propios. Se considera que el poeta es consciente de que para encontrar a Dios, en su caso tiene que, en un principio, sentir la angustia de los demás para poder entender la soledad. Se mimetiza con sus semejantes para poder entender su sufrimiento y, al mismo tiempo, conocerse a sí mismo para encontrar ese camino hacia la fe. El poeta y su corazón son los vigias del sufrimiento de los demás.

En la segunda estrofa el poeta está vacío de malos sentimientos. Está en un momento muy espiritual en el que sólo siente amor y además es consciente de sí mismo y de los demás. Se siente parte de ellos y es consciente de que puede aportar amor al resto. Llega a tal punto su fe, su creencia en poder aportar amor a los demás, que se siente uno con los demás, como cuando se está en misa y el creyente, el feligrés, se siente uno con el hijo de Dios.

En la tercera estrofa y última, el poeta entra en algo que es importante. Los bienes terrenales o los malos sentimientos no importan porque, aunque son algo negativo, él está convencido de que son necesarios para encontrar esa bondad, ese camino para encontrar a Dios. El ejemplo que pone de la Rosa, como metáfora de la vida, expresa: las espinas del tallo de la flor podemos equipararlos a los problemas, los malos pensamientos, a las dificultades de la vida, pero en definitiva, la Rosa sigue estando ahí, la belleza la pureza, etc.

Una flor, al final, es la esencia de algo mucho más profundo que lo terrenal. Es la representación de la belleza de Dios y de cómo éste ha sido capaz de crear, según el punto de vista religioso de la cristiandad, no sólo la belleza, el amor y también de ayudar a los seres humanos encontrar el camino hacia él. Al final del poema, el poeta recuerda a todo lector que lea sus versos que Cristo murió por nosotros y eso hace que todo sufrimiento deje de serlo porque lo hizo por amor al hombre, que era su semejante.


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