Creo en mi Corazón, Gabriela Mistral

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Creo en mi corazón, ramo de aromas
que mi Señor como una fronda agita,
perfumando de amor toda la vida
y haciéndola bendita.

Creo en mi corazón, el que no pide
nada porque es capaz del sumo ensueño
y abraza en el ensueño lo creado:
¡inmenso dueño!

Creo en mi corazón, que cuando canta
hunde en el Dios profundo el franco herido,
para subir de la piscina viva
recién nacido

Creo en mi corazón, el que tremola
porque lo hizo el que turbó los mares,
y en el que da la Vida orquestaciones
como de pleamares.

Creo en mi corazón, el que yo exprimo
para teñir el lienzo de la vida
de rojez o palor y que le ha hecho
veste encendida.

Creo en mi corazón, el que en la siembra
por el surco sin fin fue acrecentando.
Creo en mi corazón, siempre vertido,
pero nunca vaciado.

Creo en mi corazón, en que el gusano
no ha de morder, pues mellará a la muerte;
creo en mi corazón, el reclinado
en el pecho de Dios terrible y fuerte.

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Análisis

La espiritualidad es algo muy común en la poesía, aunque se trate de diferentes formas según el autor o el estilo poético con el que se escribe. En este caso, Gabriela Mistral nos ofrece una visión personal de Dios, o de la importancia que tiene para ella, a la hora de ser un elemento importante en su vida, en cómo influye en sus sentimientos y como estos se vuelcan a través de los versos y poemas.

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Así, nos habla de que Dios llena de amor a quien lo busca, a quien realmente lo siente dentro. Según su criterio, uno es parte de Dios porque este lo llena todo, por completo. El que realmente siente en su corazón a Dios no necesita nada más porque su amor, todo lo que siente, lo llena plenamente.

Creer en Dios elimina el dolor y el sufrimiento. Es un punto de apoyo, una mano que asir en los malos momentos. El miedo es un sentimiento humano pero las personas somos fuertes y reaccionamos ante esto con valor, con fortaleza. La vida hay que vivirla y aprovechar en nuestro camino vital todo lo bueno que nos aporta.

Tenemos mucho que ofrecer y dar, y todo bueno, porque el ser humano está llena de bondad y, si lo hacemos de corazón y generosidad, nunca nos faltara nada. Entregarse a Dios es no tener miedo a la muerte porque esta llegará cuando tenga que ser, por eso podemos tener una vida plena, con intensidad.

Estamos ante una visión muy íntima y personal de la religiosidad y la visión que tiene la poeta, o protagonista del poema, acerca de la relación entre el ser humano y la religión, entre Dios y el hombre y la mujer. Pero lo hace sin adoctrinamiento, sin didactismos o cualquier otro tipo de estímulo que provoque una reacción, una catarsis en el lector. Lo que vemos es una expresión de sus sentimientos y de cómo ella ve esa relación.

Lo importante de este poema es que nos acerca a la autora, a su visión íntima y personal con la religión y, al mismo tiempo, nos hace entender la importancia que hay entre el ser humano y lo divino para, de alguna manera, sentir que uno no está solo, sentir que el acercarse, hasta cierto punto, a lo divino crea la seguridad, que no dependencia, y, sobre todo, en muchos aspectos personales y vitales, tranquilidad.


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