Confianza, Pedro Salinas

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Mientras haya
alguna ventana abierta,
ojos que vuelven del sueño,
otra mañana que empieza.

Mar con olas trajineras
—mientras haya—
trajinantes de alegrías,
llevándolas y trayéndolas.

Lino para la hilandera,
árboles que se aventuren,
—mientras haya—
y viento para la vela.

Jazmín, clavel, azucena,
donde están, y donde no
en los nombres que los mientan.

Mientras haya
sombras que la sombra niegan,
pruebas de luz, de que es luz
todo el mundo, menos ellas.

Agua como se la quiera
—mientras haya—
voluble por el arroyo,
fidelísima en la alberca.

Tanta fronda en la sauceda,
tanto pájaro en las ramas
—mientras haya—
tanto canto en la oropéndola.

Un mediodía que acepta
serenamente su sino
que la tarde le revela.

Mientras haya
quien entienda la hoja seca,
falsa elegía, preludio
distante a la primavera.

Colores que a sus ausencias
—mientras haya—
siguiendo a la luz se marchan
y siguiéndola regresan.

Diosas que pasan ligeras
pero se dejan un alma
—mientras haya—
señalada con sus huellas.

Memoria que le convenza
a esta tarde que se muere
de que nunca estará muerta.

Mientras haya
trasluces en la tiniebla,
claridades en secreto,
noches que lo son apenas.

Susurros de estrella a estrella
—mientras haya—
Casiopea que pregunta
y Cisne que la contesta.

Tantas palabras que esperan,
invenciones, clareando
—mientras haya—
amanecer de poema.

Mientras haya
lo que hubo ayer, lo que hay hoy,
lo que venga.

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Análisis

Mientras el poeta crea en otra persona, en su sinceridad, en su luz, confiará en ella. La confianza se basa en un trabajo diario, con sus problemas y sus bondades. La confianza se crea puntada tres puntada para crear una relación fuerte, esa vela al viento de la que habla el poeta.

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Confianza es uno de los más célebres poemas del escritor madrileño Pedro Salinas (1891 – 1951). Nos ofrece con este poema unos bellos versos dedicados a la vida y al optimismo de aquel que no sólo sabe desear seguir viviendo, sino que también se recrea en todo lo creado haciendo de su mundo y de su existencia una maravilla esperanzadora que siempre se promete un mañana, se asegura el futuro en ella misma.

El poema, el cual consta de sesenta versos, está formado por tres estrofas de cuatro versos y una de tres versos y dicha estructura se repite cuatro veces. Todas las estrofas presentan un esquema similar, lo que convierte al poema en una especie de enumeración elogiadora de cuanto nos rodea.

Pedro Salinas confía en la vida; y la vida es por él vista por doquier: desde en una ventana abierta (verso 2) hasta en unos ojos que despiertan de algo tan cotidiano como es el descanso o el sueño (verso 3). Ve la vida y la esperanza en el amor, en las alegrías, en una mujer hilando, en los árboles y las flores bellas, en la luz y en las tinieblas. Él confía en el futuro cuando siente el agua, cuando escucha los pájaros, cuando las horas del día se suceden fiel y ordenadamente dando la mañana paso a la tarde. Para él los momentos nunca mueren porque pueden permanecer en la memoria (versos 44 y 45). El poeta tendrá confianza en este mundo mientras las palabras que lo esperan puedan ser eternizadas en un poema.

Y finaliza el poema uniendo en dos versos todo lo sucedido en el pasado, todo lo que sucede en el presente y todo lo que sucederá el día de mañana.

Es realmente reconfortante leer un poema tan cargado de optimismo. En unas pocas líneas se nos ha recreado todo lo bello de la existencia; aunque observamos que precisamente las cosas que lo hacen confiar en la vida y en el mañana son las cosas eternizables y atemporales y no los individuos concretos o las sensaciones personales. No cantará por siempre el mismo pájaro, aunque siempre habrá uno cantando; y siempre habrá mañanas y tardes sucediéndose… pero qué hay de una caricia puntual que se da un día…

Podemos concluir que para el poeta habrá vida y habrá confianza mientras haya mundo, mientras haya poesía.


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