Celebración, Pablo Neruda

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Pongámonos los zapatos, la camisa listada,
el traje azul aunque ya brillen los codos,
pongámonos los fuegos de bengala y de
artificio,
pongámonos vino y cerveza entre el cuello
y los pies,
porque debidamente debemos celebrar
este número inmenso que costó tanto
tiempo,
tantos años y días en paquetes,
tantas horas, tantos millones de minutos,
vamos a celebrar esta inauguración.

Desembotellemos todas las alegrías
resguardadas
y busquemos alguna novia perdida
que acepte una festiva dentellada.
Hoy es. Hoy ha llegado. Pisamos el tapiz
del interrogativo milenio. El corazón, la
almendra
de la época creciente, la uva definitiva
irá depositándose en nosotros,
y será la verdad tan esperada.

Mientras tanto una hoja del follaje
acrecienta el comienzo de la edad:
rama por rama se cruzará el ramaje,
hoja por hoja subirán los días
y fruto a fruto llegará la paz:
el árbol de la dicha se prepara
desde la encarnizada raíz que sobrevive
buscando el agua, la verdad, la vida.

Hoy es hoy. Ha llegado este mañana
preparado por mucha oscuridad:
no sabemos si es claro todavía
este mundo recién inaugurado:
lo aclararemos, lo oscureceremos
hasta que sea dorado y quemado
como los granos duros del maíz:
a cada uno, a los recién nacidos,
a los sobrevivientes, a los ciegos,
a los mudos, a mancos y cojos,
para que vean y para que hablen,
para que sobrevivan y recorran,
para que agarren la futura fruta
del reino actual que dejamos abierto
tanto al explorador como a la reina,
tanto al interrogante cosmonauta
como al agricultor tradicional,
a las abejas que llegan ahora
para participar en la colmena
y sobre todo a los pueblos recientes,
a los pueblos crecientes desde ahora
con las nuevas banderas que nacieron
en cada gota de sangre o sudor.

Hoy es hoy y ayer se fue, no hay duda.

Hoy es también mañana, y yo me fui
con algún año frío que se fue,
se fue conmigo y me llevó aquel año.

De esto no cabe duda. Mi osamenta
consistió, a veces, en palabras duras
como huesos al aire y a la lluvia,
y pude celebrar lo que sucede
dejando en vez de canto o testimonio
un porfiado esqueleto de palabras.

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Análisis

Pablo Neruda murió en 1973. Tenía 69 años. 2000 es el título del segundo libro que se publica tras la muerte del poeta. A este le seguirían, por supuesto, decenas de poemarios, antologías, y todo tipo de ensayos. De hecho, en 1974, año de salida de 2000, contabilizamos hasta 6 libros diferentes, incluyendo la célebre autobiografía Confieso que he vivido. Y el poema que nos ocupa, “Celebración”, es otra manera de decir lo mismo. Neruda confiesa que ha vivido, confiesa que ha soñado…

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De sueños, tiempo, herencia y fraternidad trata este poema. ¿Qué quiere celebrar Neruda? El poeta chileno festeja que aun hay esperanza, que a pesar del paso del tiempo, a pesar de que el ayer ya no es hoy, el hoy es mañana. Soñamos con un mundo mejor. Otro mundo es posible… Y todo eso. A pesar de que este poema tiene varias décadas, su mensaje es de rabioso actualidad. Cualquiera lo podría leer en la plaza de su ciudad y a buen seguro que emocionaría a muchos oyentes.

El tiempo es uno de los temas más recurrentes en Neruda. “Celebración” vuelve a reflexionar sobre los segundos, los minutos y los años. No debe ser fácil (no lo es para nadie), comprobar el paso del tiempo. La vejez que se instala, la juventud que se va y la final que se acerca. Leyendo los versos de Neruda, no cabe duda de que todo ello ocupó un lugar preeminente en su galería de obsesiones. En la civilización occidental aun no hemos sido capaces de entender el tiempo de otra manera. Huimos y huimos, mirando de reojo el reloj. En este aspecto, la cultura oriental (tradicional) nos lleva siglos de ventaja…

Neruda trata en “Celebración” de vivir el futuro. Y lo hace poniéndose el traje de la utopía. Tal vez llegue ese momento en el que podamos sacar del baúl todas esas alegrías guardadas. En la cuarta estrofa, el poeta vuelve a definir el paso del tiempo, y más adelante, por fin, se concentra ese mañana que ha llegado. Como si de un amanecer para la humanidad se tratara, el poeta, con algunos versos geniales, nos sitúa en un futuro en el que la fraternidad sea posible. Un futuro en el que todos, mancos, mudos, agricultores y cosmonautas, puedan convivir en paz.

No cabe duda de que Neruda hacía referencias metafóricas a su tiempo presente, a la situación política y social de Chile y otros países de su entorno. Pero el trasfondo de “Celebración”, es la esperanza por el futuro. Al final, el poeta vuelve sobre sí mismo, y ofrece su herencia, que no es otra que sus versos, unos versos que, como en “Celebración”, latieron por un mundo mejor.


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