Caupolicán, Rubén Darío

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Es algo formidable que vio la vieja raza:
robusto tronco de árbol al hombro de un campeón
salvaje y aguerrido, cuya fornida maza
blandiera el brazo de Hércules, o el brazo de Sansón.

Por casco sus cabellos, su pecho por coraza,
pudiera tal guerrero, de Arauco en la región,
lancero de los bosques, Nemrod que todo caza,
desjarretar un toro, o estrangular un león.

Anduvo, anduvo, anduvo. Le vio la luz del día,
le vio la tarde pálida, le vio la noche fría,
y siempre el tronco de árbol a cuestas del titán.

«¡El Toqui, el Toqui!» clama la conmovida casta.
Anduvo, anduvo, anduvo. La aurora dijo: «Basta»,
e irguióse la alta frente del gran Caupolicán.

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Análisis

Rubén Darío, en este poema, nos habla de un personaje histórico muy importante para los chilenos: Capoulicán. Este se enfrentó a los españoles cuando invadieron Chile en el siglo XVI. En concreto, el poema enmarca un hecho importante, entre histórico y mitológico, por el que este personaje, llegó a ser el jefe de ese ejército que se enfrentó a los que venían de otras tierras.

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En la primera estrofa de este soneto se nos presenta a este personaje desde un punto de vista mitológico al igualarse al hijo de un Dios, Hércules, o a un hombre al que Dios le dio la fuerza como poder y ofrenda, como Sansón. Se nos sitúa en una época antigua, en la que los hombres eran diferentes, de una raza en la que la fuerza estaba unida al deseo de los dioses.

En esta primera estrofa se nos indica cuál era la prueba por la que se escogía, de entre los mejores guerreros, al campeón, al que sería el jefe de todas las fuerzas. Esa prueba, según la mitología, era la de ver quién aguantaba más tiempo un tronco de árbol sobre el hombro. Capoulicán fue el guerrero que soportó más tiempo este. Se habla de dos días con sus noches.

Esa mitificación de Guerrero, continúa en la segunda estrofa a través de una descripción de su cuerpo: esos cabellos largos, ese cuerpo fuerte, musculado y, seguramente, con marcas de lucha y cuya fuerza es capaz, como suele ocurrir en la mitología griega, romana, etc., de matar a bestias salvajes como un león o un toro con una sola mano, símbolos de una fuerza enorme.

En el primer terceto del soneto, se hace referencia al paso del tiempo durante esos dos días. Se aumenta la dureza de la prueba al hablar del calor de la mañana y de las frías noches que tuvo que soportar este guerrero y, como no podía ser de otra manera, soportando el peso del tronco sobre su hombro, equiparándolo a los titanes mitológicos.

En el segundo terceto, victorioso, Capoulicán es el vencedor sobre los demás y es nombrado Toqui, que era la máxima distinción que podía tener un miembro de esa sociedad. Esta distinción significaba que era el elegido para mandar sobre todos los demás guerreros, lo que otorga, además del poder sobre el ejército, poder sobre la naturaleza, porque el sol se detiene frente a él en señal de respeto, iluminándolo en toda su grandiosidad.


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