Canción del Mariquita, Federico García Lorca

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El mariquita se peina
en su peinador de seda.

Los vecinos se sonríen
en sus ventanas postreras.

El mariquita organiza
los bucles de su cabeza.

Por los patios gritan loros,
surtidores y planetas.

El mariquita se adorna
con un jazmín sinvergüenza.

La tarde se pone extraña
de peines y enredaderas.

El escándalo temblaba
rayado como una cebra.

¡Los mariquitas del Sur,
cantan en las azoteas!

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Análisis

El mariquita se atusa el pelo sintiéndose mujer. Los vecinos se ríen de él. Se peina y cuida su imagen como si la de una mujer se tratase. Hay chismorreos a su alrededor. No le importa mostrarse como es, con su imagen y olor exagerados, destacando para dar más que hablar. Por la noche ella sale, lo mismo que lo hacen otros. Todo parece un escándalo. Pero todas y todos están en los saraos, donde hay diversión, donde se vive la fiesta.

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El poeta nos muestra aquí otra opción personal de vivir la vida y de vivir la sexualidad. Hablamos de una época en la que el ser homosexual estaba mal visto y el de vestirse y actuar como una mujer, siendo hombre, se miraba todavía peor. Sin embargo parece que con esta última forma de exhibir sí había cierta permisividad.

Sin embargo, esta opción no estaba exenta del repudio social, el chismorreo y la crítica. Sin embargo, García Lorca presenta a un hombre que vivía su vida como una mujer y estaba orgullosa de serlo. Además, es consciente de lo que resto de las personas que viven a su lado, en la misma calle, sienten hacia su manera de ser y vivir. A él parece no importarle.

El poeta también destaca que, en el fondo, es una sociedad hipócrita porque, aunque desde el punto social era repudiada esta opción sexual y personal, no solamente es que hubiera bastantes, sino que eran parte de la fiesta que se creaba alrededor de los saraos, de las fiestas en Andalucía. Por ello, estas personas se vestían con sus mejores galas, maquilladas en exceso y buscaban destacar para, de alguna manera, intentar romper con esos tabús e hipocresías de la sociedad.

En ningún momento se nos habla de una persona en particular. Es por ello que podemos entender que era algo habitual que hombres que vivían y vestían como mujeres fueran una parte de la fiesta, de la diversión nocturna en muchos puntos de ciudades importantes de Andalucía. Sobre todo, hablamos de fiestas, saraos y encuentros de muy diverso tipo. Lo que más destaca es la visión femenina dentro de esta opción masculina.


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