Campoamor, Rubén Darío

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Éste del cabello cano,
como la piel del armiño,
juntó su candor de niño
con su experiencia de anciano;
cuando se tiene en la mano
un libro de tal varón,
abeja es cada expresión
que, volando del papel,
deja en los labios la miel
y pica en el corazón.

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Análisis

“Campoamor” es un pequeño homenaje de Rubén Darío al poeta español Ramón de Campoamor (1817-1901). El escritor asturiano fue uno de los más importantes para el siglo XIX español, cuyas influencias pueden rastrearse hasta el modernismo. Darío, con estos 10 versos, honra a Campoamor por todas las lecciones poéticas que ofrecía a varias generaciones de jóvenes escritores, entre los que estaba el propio poeta guatemalteco.

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Y es que Campoamor y Darío se llevaban nada menos que 50 años, pero llegaron a coincidir en el tiempo. El poema, que no deja lugar a dudas gracias a su título, se inicia con una referencia física al escritor asturiano. Los cuatro primeros versos condensan las virtudes que Darío aprecia en Campoamor: su combinación de sabiduría e ingenuidad. La poética de Campoamor, que sufrió diversos cambios a lo largo de su trayectoria, se caracterizó por una sutil combinación de elementos románticos, exóticos y humorísticos, que dejaron huella en las generaciones posteriores.

También fue amante de la poesía de algunos tardíos románticos españoles, como Bécquer, con cuya poesía siempre mantuvo una relación ambivalente. Se burló de ella en algunas ocasiones, pero terminó por incorporar muchos de sus hallazgos. El candor de la infancia a la que se refiere Darío está consonancia con el estilo del poeta asturiano, capaz de combinar sus “humoradas” con otros versos que entroncan ya con el modernismo.

En la segunda parte del poema, se teje una metáfora que sirve también para definir el carácter ideal de la poesía. La abeja que pica pero que es capaz de fabricar algo tan dulce como la miel, se constituye en símbolo de la poesía que debe ser un arma que apunte a la cabeza para llegar al corazón. Se trata, sin duda, del objetivo de todo poeta: crear una pieza estéticamente bella, armoniosa, pero que, más allá del aspecto formal, sea capaz de dejar huella en el lector. Por eso, debe ser dulce y, a la vez, aguda, penetrante. Una buena poesía afecta a los sentidos y al intelecto.

“Campoamor” es pues un homenaje tanto al poeta Ramón de Campoamor como a la poesía en general. El escritor asturiano fue una de las referencias de la generación modernista en su juventud y Darío, como líder de esta nueva forma de hacer poesía, quiere mostrar su amor por uno de sus autores preferidos. Poco después, el propio Campoamor, devolvería el honor a Darío con otro poema de homenaje siguiendo la estructura del poeta guatemalteco.


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