Bouquet, Rubén Darío

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Un poeta egregio del país de Francia,
que con versos áureos alabó el amor,
formó un ramo armónico, lleno de elegancia,
en su Sinfonía en Blanco Mayor.

Yo por ti formara, Blanca deliciosa,
el regalo lírico de un blanco bouquet,
con la blanca estrella, con la blanca rosa
que en los bellos parques del azul se ve.

Hoy que tú celebras tus bodas de nieve
(tus bodas de virgen con el sueño son),
todas sus blancuras Primavera llueve
sobre la blancura de tu corazón.

Cirios, cirios blancos, blancos, blancos lirios,
cuello de los cisnes, margarita en flor,
galas de la espuma, ceras de los cirios
y estrellas celestes tienen tu color.

Yo, al enviarte versos, de mi vida arranco
la flor que te ofrezco, blanco serafín.
¡Mira cómo mancha tu corpiño blanco
la más roja rosa que hay en tu jardín!

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Análisis

Rubén Darío es el seudónimo del gran poeta Félix Rubén García Sarmiento, quien continúa siendo el máximo representante del modernismo literario en lengua castellana. Nació en Nicaragua en el año 1867 y murió en 1916.

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Desde muy pequeño destacó en el ámbito de las Letras, pues dicen que aprendió a leer a la tierna edad de tres años y a componer sus primeros poemas a los trece. Este poeta que nos ocupa mostró desde sus comienzos una destacable influencia de la literatura francesa que unida a su espíritu innovador daría lugar a un eterno y peculiar estilo único y personal.

Bouquet es un musical y armónico poema formado por cinco serventesios: cada estrofa cuenta con cuatro versos de arte mayor y rima consonante; el primer verso de cada estrofa rima con el tercero y el segundo con el cuarto.

Desde el título, el cual es una palabra francesa que posee varios significados, podemos apreciar la influencia del país galo sobre el poeta. El tema principal del poema no es otro que la composición de un poema de amor a una chica amada; se trata de un poema de amor muy especial y con personalidad y estilo propios. Además de expresar admiración, ternura y amor por la chica, el poeta está construyendo con sus palabras un castillo de imágenes que a su vez vienen cargadas de matices musicales. Es toda una composición artística que podría ser imaginada durante su lectura como una melodía. Por ello el poema en su conjunto es una sinestesia: a partir de muchos adjetivos (especialmente de color: blanco, azul, rosa, rojo) y una gran cantidad de elementos relacionados con la belleza, se nos forma en la mente una imagen que no solo habla sino que también puede ser oída y olida (lirios, margaritas, rosas, parques, jardín). Quizás el poeta quisiera decirle a la chica que pensar en ella es vivir un hermoso jardín.

El poema consta de tres partes. La primera parte es la introducción y la encontramos en la primera estrofa. Rubén Darío comienza contando que hubo un poeta francés que escribió al Amor unos versos que resultaron ser como el oro, como un ramo de flores, como un ramo de música (si pudiéramos imaginar). La segunda parte la encontramos desde el verso número cinco al verso número quince. Esta parte es el cuerpo del poema. Se trata de un poema que o bien imita a aquel que mencionara en la introducción, o bien es ese poema escrito “en Blanco mayor” (verso 4) del que nos ha hablado. En esta parte destacan las imágenes de cosas blancas y se reitera la idea del blanco hasta la saciedad pero sin llegar en ningún momento a dejar de ser hermoso aquello que se nos escribe.

El poeta escribe a una tal Blanca (verso 5), no sabemos si se trata de su nombre y es ella la que inspira todo el poema, o si es una de sus cualidades la blancura (verso 12) y el poeta quiere resaltarla. La tercera parte del poema coincide con la última estrofa (versos 16 – 19). Estos últimos versos son los más íntimos, de hecho el poeta comienza diciendo: “yo”, es decir, se dispone a confesar o declarar algo. Y confiesa que arranca de su vida o de su alma una flor para entregársela y esa flor es precisamente el poema que le ha escrito. La exclamación con la que se cierra el poema suena un poco a reproche, aunque no sabemos con certeza a qué se está refiriendo el poeta; no obstante, al introducir la imagen de “mancha” (verso 18) y el color rojo se rompe la armonía que se mantiene desde el comienzo del poema.

En cuanto a los recursos literarios, destacamos la sinestesia en primer lugar (versos 2, 3 y 4); la repetición: Blanca, blanco, lirios, cirios…; la geminación: “blancuras” (versos 11 y 12), “blancos” (verso 13); la imagen: blanca estrella, blanca rosa, nieve, cisnes, espuma, ceras…; y paronomasia: cirios – lirios (verso 13).

Es en realidad un placer leer poemas tan delicados y musicales como este; Rubén Darío logra trasladarnos a una primavera perenne y hermosa con su poema.


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