Botella al mar, Mario Benedetti

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Pongo estos seis versos en mi botella al mar
con el secreto designio de que algún día
llegue a una playa casi desierta
y un niño la encuentre y la destape
y en lugar de versos extraiga piedritas
y socorros y alertas y caracoles.

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Análisis

El poeta escribe un poema, que es un mensaje para una botella. Un mensaje poético que lanza al mar, al lector, y que viaja, para algún día llegar a manos de alguien. El poeta desea que el receptor sea un niño. Al leer estos versos, quiere que ese pequeño no tenga en cuenta el texto en sí, porque lo más importante es la imaginación y todo lo que pueda soñar al fantasear que ha encontrado una botella en el mar con un mensaje dentro.

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El poeta invita al lector a usar la imaginación. Invita a que seamos poetas e imaginemos esos versos que ha escrito en una botella imaginaria. Nos lanza una prueba que cada uno de nosotros puede realizar. Lo único que necesitamos es despertar a ese niño interior, a esa inocencia que todavía, en lo más profundo de nosotros, todavía existe.

Existen tantos mares, botellas y poemas como lectores pueda haber. Existen tantas ideas como mares extensos e infinitos podamos imaginar. Pero también nos invita a imaginarnos cuales pueden haber sido los versos escritos, unos versos que tienen que ver con mares, con sus playas y rocas y con rescates y auxilios de alguien que no sabemos quién es, que podemos pensar que puede ser un hombre una mujer. Lo que menos importa es el qué, sino qué es lo que podemos crear a partir de nuestra propia imaginación.

Para el poeta, todos y cada uno de nosotros llevamos en nuestro interior la capacidad para poder crear algo bello. Estos seis versos que escribe, que guarda dentro de una botella, es una puerta abierta a que cada uno de nosotros exprese con total libertad, a que descubramos nuestro yo interior y que seamos capaces de dejarnos llevar por una nueva ilusión, un nuevo camino vital, una trayectoria diferente que haga que nos sintamos más vivos, más emocionados y, sobre todo, sin que perdamos esa inocencia que cada uno tenemos, aunque pensemos lo contrario.

Únicamente tenemos que atrevernos a destapar esa botella, a abrir nuestro interior, nuestro propio yo y dejar que los sentimientos salgan por sí solos. El poeta nos invita a que salgamos de nuestra propia botella, eliminemos todo tipo de barreras que nos encierran y vivamos todo ese mar que está a nuestro alrededor.


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