Balada de un día de Julio, Federico García Lorca

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Esquilones de plata
Llevan los bueyes.

—¿Dónde vas, niña mía,
De sol y nieve?

—Voy a las margaritas
Del prado verde.

—El prado está muy lejos
Y miedo tiene.

—Al airón y a la sombra
Mi amor no teme.

—Teme al sol, niña mía,
De sol y nieve.

—Se fue de mis cabellos
Ya para siempre.

—Quién eres, blanca niña.
¿De dónde vienes?

—Vengo de los amores
Y de las fuentes.

Esquilones de plata
Llevan los bueyes.

—¿Qué llevas en la boca
Que se te enciende?

—La estrella de mi amante
Que vive y muere.

—¿Qué llevas en el pecho
Tan fino y leve?

—La espada de mi amante
Que vive y muere.

—¿Qué llevas en los ojos,
Negro y solemne?

—Mi pensamiento triste
Que siempre hiere.

—¿Por qué llevas un manto
Negro de muerte?

—¡Ay, yo soy la viudita
Triste y sin bienes!

Del conde del Laurel
De los Laureles.

—¿A quién buscas aquí
Si a nadie quieres?

—Busco el cuerpo del conde
De los Laureles.

—¿Tú buscas el amor,
Viudita aleve?
Tú buscas un amor
Que ojalá encuentres.

—Estrellitas del cielo
Son mis quereres,
¿Dónde hallaré a mi amante
Que vive y muere?

—Está muerto en el agua,
Niña de nieve,
Cubierto de nostalgias
Y de claveles.

—¡Ay! caballero errante
De los cipreses,
Una noche de luna
Mi alma te ofrece.

—Ah Isis soñadora.
Niña sin mieles
La que en bocas de niños
Su cuento vierte.
Mi corazón te ofrezco,
Corazón tenue,
Herido por los ojos
De las mujeres.

—Caballero galante,
Con Dios te quedes.

—Voy a buscar al conde
De los Laureles...

—Adiós mi doncellita,
Rosa durmiente,
Tú vas para el amor
Y yo a la muerte.

Esquilones de plata
Llevan los bueyes.

—Mi corazón desangra
Como una fuente.

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Análisis

El sol hace que las campanas, los cencerros que llevan los bueyes, parezcan de plata y no un metal cualquiera, como el latón. El poeta pregunta a la joven, morena de piel y vestida de blanco, señal de pureza, dónde va. Ella quiere buscar el amor, a su amado. Después le advierte a la joven de entregarse al amor de alguien que no la corresponda.

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Ella no hace caso. El poeta pregunta a la joven, cuando vuelve, de dónde viene. Ella se ha entregado al amado, le ha dado su virginidad. La joven ama a esta persona, pero no es correspondida por qué este ha desaparecido. Ella se siente traicionada y desea morir. Está enamorada pero sabe que nunca volverá a verlo y sólo quedarán los recuerdos. Su niñez ha desaparecido. Se entregó a él en cuerpo y alma una noche de luna. El poeta se marcha con la pena de ver sufrir a la joven.

Estamos ante un poema moral, un poema que quiere hacer reflexionar a los jóvenes, sobre todo a las chicas que buscan el amor o que quieren sentirse enamoradas y correspondidas por otra persona. En este caso, nos muestra como esa entrega de la virginidad, de la inocencia de la joven, se ha realizado con engaños por parte del amado.

Sin embargo, una vez hecho esto, el sufrimiento de la joven es importante, aunque no hasta el punto de no querer seguir con su vida. Si bien es cierto que quedan recuerdos de ese encuentro, porque ella estaba enamorada de él, el poeta siente que la tristeza será una parte importante de su vida y, sobre todo, la desconfianza hacia el género masculino.

También nos encontramos ante una juventud que no escucha la voz de la experiencia. El poeta, García Lorca, intenta que la joven recapacite, que escuche sus consejos, aunque tampoco pueden pedirle que haga lo que desea. Al final, el poeta también se siente triste por no haber podido impedir que ella se hubiera entregado al amado, sabiendo que este la abandonaría después de haber conseguido yacer con ella. Lo que ella pensaba que era lo más hermoso del mundo, lo más preciado, esa plata tan brillante, se queda en latón, en la realidad y en el vacío de un amor no correspondido.


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