Balada del Loco Amor, José Ángel Buesa

Publicidad
I

No, nada llega tarde, porque todas las cosas
tienen su tiempo justo, como el trigo y las rosas;
sólo que, a diferencia de la espiga y la flor,
cualquier tiempo es el tiempo de que llegue el amor.

No, amor no llegas tarde. Tu corazón y el mío
saben secretamente que no hay amor tardío.
Amor, a cualquier hora, cuando toca a una puerta,
la toca desde adentro, porque ya estaba abierta.
Y hay un amor valiente y hay un amor cobarde,
pero, de cualquier modo, ninguno llega tarde.

II

Amor, el niño loco de la loca sonrisa,
viene con pasos lentos igual que viene aprisa;
pero nadie está a salvo, nadie, si el niño loco
lanza al azar su flecha, por divertirse un poco.
Así ocurre que un niño travieso se divierte,
y un hombre, un hombre triste, queda herido de muerte.
Y más, cuando la flecha se le encona en la herida,
porque lleva el veneno de una ilusión prohibida.
Y el hombre arde en su llama de pasión, y arde, y arde,
y ni siquiera entonces el amor llega tarde.

III

No, yo no diré nunca qué noche de verano
me estremeció la fiebre de tu mano en mi mano.
No diré que esa noche que sólo a ti te digo
se me encendió en la sangre lo que soñé contigo.
No, no diré esas cosas, y, todavía menos,
la delicia culpable de contemplar tus senos.
Y no diré tampoco lo que vi en tu mirada,
que era como la llave de una puerta cerrada.
Nada más. No era el tiempo de la espiga y la flor,
y ni siquiera entonces llegó tarde el amor.

>> Siguiente >>

Análisis

El amor arrasa con todo. Lo inesperado del momento coge a contrapié a cualquier persona que lo siente de verdad y lo hace estremecerse. Así, para el poeta el amor es ese hecho inesperado que no puede evitar. Llega cuando menos se espera y nos ofrece y nos invita el entregarnos a él, al amor. Esto es lo que nos dice José Ángel Buesa en la primera parte de este poema. Y continúa en esa segunda estrofa de la primera parte hablándonos a través de la personificación del amor, a quien se dirige el poeta.

Publicidad

Para el amor no hay edad, sino diferentes maneras y tipos de sentirlo. Nosotros somos los que decidimos entregarnos a él o no. En la segunda parte del poema se continúa incidiendo en la temática principal: el amor. Como los niños, pueda aparecer de repente o se puede fraguar con el paso del tiempo. Cupido no avisa, sólo dispara la fecha. Incluso el hombre que menos desea tener ese sentimiento puede morirse de amor.

Finalmente, en la última parte, el poeta se dirige a ella, a su amada y le habla sobre el momento en que se enamoró. Todo se combinó para qué ella despertara todos sus sentimientos, sus sentidos. El día de verano, el tacto de su piel, la mirada, las sensaciones… aun así este sincera con ella y le habla de que no fue el primer amor, ni el más joven (“tiempo de la espiga de la flor”). Sin embargo es el amor de verdad, el que ha llegado cuando debía,

No solamente estamos hablando de un amor maduro, el que nace en la etapa de la madurez, el que surge cuando el camino vital de una persona ya ha sido recorrido en su gran parte. Hablamos de un amor sereno, de entrega y que representa la sinceridad tras el despertar de unas sensaciones que son fruto de la experiencia.

De la misma forma que es importante el amor de juventud en la poesía de muchos autores, el amor maduro, el de la última etapa de nuestra vida o la que la precede, también es esencial porque aporta una manera de entender la vida y de entrega al amor completamente diferente. Si el amor de juventud es más irracional, más alocado y más apasionado, el amor maduro es mucho más sincero, es mucho más pensado y es mucho más experimentado en todas sus facetas. Por eso, a la hora de expresarlo a través de la poesía, es completamente diferente en cuanto a sentimientos y forma de expresarlos.


Volver Inicio