Arbolé Arbolé, Federico García Lorca

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Arbolé, arbolé
seco y verdé.

La niña del bello rostro
está cogiendo aceituna.
El viento, galán de torres,
la prende por la cintura.
Pasaron cuatro jinetes
sobre jacas andaluzas
con trajes de azul y verde,
con largas capas oscuras.
«Vente a Córdoba, muchacha».
La niña no los escucha.
Pasaron tres torerillos
delgaditos de cintura,
con trajes color naranja
y espadas de plata antigua.
«Vente a Sevilla, muchacha».
La niña no los escucha.
Cuando la tarde se puso
morada, con luz difusa,
pasó un joven que llevaba
rosas y mirtos de luna.
«Vente a Granada, muchacha».
Y la niña no lo escucha.
La niña del bello rostro
sigue cogiendo aceituna,
con el brazo gris del viento
ceñido por la cintura.

Arbolé arbolé
seco y verdé.

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Análisis

La joven tiene un amante, es el viento del que habla el poeta, que la domina y al que ella parece corresponder. La belleza llama la atención de varios señoritos de buena posición social, de alto linaje y jóvenes enamorados. Ella no hace caso ninguno porque tiene a quien amar y, de una manera poética, quien la posee.

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García Lorca juega de una manera muy sutil, imaginativa, sugestiva y envuelta en algo de ensoñación con un amor que parece prohibido, un amor que parece que no debe conocerse, seguramente por la juventud de la mujer y, posiblemente, por la madurez de alguien mayor que ella y con experiencia. Lo más importante de este poema es la fuerza emocional de la mujer.

Lo femenino, para García Lorca es muy importante, y en este caso, aunque la protagonista sea de edad muy joven, tiene muy claro qué es lo que quiere y a quién quiere y desea. En ningún momento se nos dice quién es esa persona a la que corresponde, ni su posición social y muchos menos sus rasgos físicos. Lo esencial es que ella lo ama y siente que, aunque no esté junto a ella, su presencia es fuerte y está presente a su lado.

Por otro lado, es importante señalar también que a esta joven no le importa la posición social, el dinero o un amor de juventud. Estamos ante una relación madura entre dos personas que no tienen la misma edad, pero que están enamorados. Hace caso omiso a las galanterías, a las insinuaciones, lo que implica que la madurez emocional de la joven es muchísimo mayor de aquellos que la quieren convencer con insinuaciones o con algún tipo de interés económico.

Además, no solamente se valora la fortaleza emocional de la joven, sino también la belleza de la misma, que siendo consciente de ella, no la utiliza para ganarse el afecto de nadie. Ella sigue con su tarea, la de la recogida de la aceituna, sin tener en consideración cualquier tipo de galantería que puedan intentar tener con ella. Destaca también este poema la musicalidad, los colores que sutilmente introduce García Lorca y como crea una pequeña historia de amor a través de imágenes y metáforas sutiles.


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