De Árbol a Árbol, Mario Benedetti

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a ambrosio y silvia

Los árboles
¿serán acaso solidarios?

¿digamos el castaño de los campos elíseos
con el quebrancho de entre ríos
o los olivos de jaén
con los sauces de tacuarembó?

¿le avisará la encina de westfalia
al flaco alerce de tirol
que administre mejor su trementina?

y el caucho de pará
o el baobab en las márgenes del cuanza
¿provocarán al fin la verde angustia
de aquel ciprés de la mission dolores
que cabeceaba en frisco
california?

¿se sentirá el ombú en su pampa de rocío
casi un hermano de la ceiba antillana?

los de este parque o aquella floresta
¿se dirán de copa a copa que el muérdago
otrora tan sagrado entre los galos
ahora es apenas un parásito
con chupadores corticales?

¿sabrán los cedros del líbano
y los caobos de corinto
que sus voraces enemigos
no son la palma de camagüey
ni el eucalipto de tasmania
sino el hacha tenaz del leñador
la sierra de las grandes madereras
el rayo como látigo en la noche?

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Análisis

Los árboles, como los países, pueden ser solidarios con otros países, otros árboles. Los franceses con los paraguayos y los españoles con los uruguayos, por ejemplo. Es importante que se administre mejor la trementina, porque gracias a ella se pueden hacer productos farmacéuticos. Las empresas dedicadas a la economía del caucho, importantísima, o los que desean maderas exquisitas, arrasarán estos lugares, incluso matando, dejando muertos, por conseguir lo que desean.

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Parece que el poeta siente que los americanos buscan más negocio y a su paso dejan cipreses, que son los árboles que crecen en los cementerios. El sur de Latinoamérica está unida al norte de Latinoamérica por cultura y por qué ambos comparten una creencia en lo sagrado del sus imaginario, simbolizado en sus árboles autóctonos

La importancia de ciertos árboles, como el muérdago en Francia, poco a poco se diluye y poco queda de lo sagrado que fue. Los árboles no son enemigos entre ellos, como los países tampoco lo son. Los que realmente son peligrosos y buscan la lucha, son los gobernantes de esos países, las grandes empresas que buscan únicamente beneficios y sus ganas de destruir, arrasar y coartar las sociedades únicamente por tener y poseer un poco más.

El poeta utiliza la metáfora de los árboles para indicarnos que cada país es único, tiene una sociedad, una naturaleza diferente a otros países. Sin embargo, en muchas ocasiones se comparte una cultura, ya sea por la proximidad de los países entre ellos o bien por influencias de otros, como sucedió en la colonización de América por parte de España, Inglaterra, Portugal, etcétera.

Lo que sí es importante destacar, y es parte del mensaje de este poema, es que el poeta siente que son las grandes corporaciones, gobiernos ávidos de poder, los que intentan provocar las tensiones entre los países, los que intentan acaparar el mercado buscando en otros países los recursos que ofrece la naturaleza.

No tienen escrúpulos a la hora de intentar conseguirlo. Éste no solamente es un poema que habla sobre la naturaleza y los árboles en concreto, sino que es una crítica a ese afán de conseguirlo todo sin mirar el daño que se puede producir tanto a personas como a la naturaleza y sus recursos. En el centro de esa destrucción moral está el propio ser humano.


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