Aparición Urbana, Oliverio Girondo

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¿Surgió de bajo tierra?
¿Se desprendió del cielo?
Estaba entre los ruidos,
herido,
malherido,
inmóvil,
en silencio,
hincado ante la tarde,
ante lo inevitable,
las venas adheridas
al espanto,
al asfalto,
con sus crenchas caídas,
con sus ojos de santo,
todo, todo desnudo,
casi azul, de tan blanco.

Hablaban de un caballo.
Yo creo que era un ángel.

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Análisis

El poeta nos habla de un caballo que está moribundo. Ha sufrido un accidente, seguramente atropellado. No se sabe de dónde salió. Alrededor de él todo es ruido, sonidos mezclados de la gente, vehículos y los propios lamentos del caballo que no se puede mover por las heridas. Ha ocurrido por la tarde y parece que no se puede hacer nada para salvarlo. Está agonizando.

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Se desangra en la calle y la imagen no es nada agradable. Todo indica que le queda poco de vida. De tanta sangre que ha perdido, su piel se ha vuelto blanca con un tono azulado. Sin embargo, para el poeta, la visión última de este detalle hace que no lo vea como un animal. Lo diviniza y lo ve como un ángel, como una forma de despedida más dulce.

En este poema el poeta utiliza una visión muy impactante de la muerte. Para ello deja al margen la figura de una persona en concreto y se centra en la de un animal, un caballo. Esto hace que la imagen sea mucho más triste, mucho más impactante por la relación que hay entre este animal y el hombre.

Por un lado nos habla del sufrimiento del animal que agoniza y aumenta la tensión del momento con la mezcla de sonidos todo tipo. Así, la escena es mucho más caótica, mucho más horrible, mucho más tensa y, al mismo tiempo, mucho más bella desde el punto de vista poético.

Sin embargo, la muerte del animal queda en un segundo plano porque en ningún momento aparece esta. Estamos en los momentos previos a su muerte, en su agonía. Es por ello que, a diferencia de lo que el lector podría pensar, el poeta decide no terminar el poema con la muerte del caballo. Prefiere ofrecer un final mucho más poético, una despedida menos terrenal. Para ello utiliza la figura de un ángel, en forma de caballo, que se va, que cabalga hacia el cielo, que no sufre.

Este es un poema hermoso en el que el sentimiento de la muerte de un caballo queda a un lado y se dirige la mirada del lector a un final mucho más amable, mucho más poético y se consigue que el lector guarde en el recuerdo esta. No tenemos que estar en esta vida sufriendo permanentemente.


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