Año Nuevo, Rubén Darío

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A las doce de la noche, por las puertas de la gloria
y al fulgor de perla y oro de una luz extraterrestre,
sale en hombros de cuatro ángeles, y en su silla gestatoria,
San Silvestre.

Más hermoso que un rey mago, lleva puesta la tiara,
de que son bellos diamantes Sirio, Arturo y Orión;
y el anillo de su diestra hecho cual si fuese para
Salomón.

Sus pies cubren los joyeles de la Osa adamantina,
y su capa raras piedras de una ilustre Visapur;
y colgada sobre el pecho resplandece la divina
Cruz del Sur.

Va el pontífice hacia Oriente; ¿va a encontrar el áureo barco
donde al brillo de la aurora viene en triunfo el rey Enero?
Ya la aljaba de Diciembre se fue toda por el arco
del Arquero.

A la orilla del abismo misterioso de lo Eterno
el inmenso Sagitario no se cansa de flechar;
le sustenta el frío Polo, lo corona el blanco Invierno
y le cubre los riñones el vellón azul del mar.

Cada flecha que dispara, cada flecha es una hora;
doce aljabas cada año para él trae el rey Enero;
en la sombra se destaca la figura vencedora
del Arquero.

Al redor de la figura del gigante se oye el vuelo
misterioso y fugitivo de las almas que se van,
y el ruido con que pasa por la bóveda del cielo
con sus alas membranosas el murciélago Satán.

San Silvestre, bajo el palio de un zodíaco de virtudes,
del celeste Vaticano se detiene en los umbrales
mientras himnos y motetes canta un coro de laúdes
inmortales.

Reza el santo y pontifica y al mirar que viene el barco
donde en triunfo llega Enero,
ante Dios bendice al mundo y su brazo abarca el arco
y el Arquero.

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Análisis

Nos encontramos ante un poema del gran Félix Rubén García Sarmiento, poeta nicaragüense nacido en el año 1867 y fallecido en el año 1916. Es considerado ya desde sus comienzos en el mundo literario el máximo representante del modernismo literario en lengua castellana.

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Su primer poema, titulado Una lágrima fue compuesto cuando tenía trece años, lo cual nos muestra que desde muy joven sintió una gran atracción por la poesía. Fue un poeta conocedor de mundo y se fijó, especialmente, en el estilo innovador de los poetas franceses.
Este poema que nos ocupa, cuyo título es Año Nuevo, fue publicado por el mismo Rubén Darío por vez primera en el año 1896 en la ciudad de Buenos Aires, y por segunda vez en el año 1901 en París, en un libro titulado Prosas Profanas y otros poemas.

Entendiendo la estructura del poema

Se trata de un poema organizado en nueve estrofas de cuatro versos cada una; la mayoría de los versos son de dieciséis sílabas, y otros son de cuatro. Presenta una marcada influencia de la métrica francesa y demuestra la destreza del poeta con las nuevas tendencias modernistas.

Este poema resulta ser un resumen del universo literario de Rubén Darío

El tema principal es el indicado por el título: Año Nuevo; pero será, sin lugar a dudas, una nueva e ingeniosa visión de este acontecimiento al que todos estamos tan habituados. Darío escribe unas sorprendentes y no sencillas líneas narrando lo que para él sería la llegada de un nuevo año y la despedida del que acaba de finalizar. La celebración del Año Nuevo que nos cuenta podría ser situada en el Vaticano, lugar que aparece nombrado en el verso 30; además desde la primera estrofa nos ofrece el nombre de un Papa, San Vicente (quien fuera el Papa número treinta y tres de la Iglesia Católica) y elementos propios de la vida papal como silla gestatoria (verso 3), el gran anillo de la mano derecha (verso 7), la tiara (verso 5) y la palabra Pontífice (verso 13).

Visualizando dos escalones en este texto que describen su mensaje

La primera parte la encontraríamos desde el primer verso hasta el verso número 28. En esta primera parte se nos narra cómo van aconteciendo los hechos. Nos introducimos en una atmósfera imaginaria y atemporal que combina elementos clásicos propios de La navidad, como por ejemplo la idea de “las doce de la noche” (verso 1), los Reyes magos (verso 5), Oriente, (verso 13), etc. con elementos celestes que aportan al texto metáforas de nivel elevado: ángeles (verso 3), los sistemas de estrellas Sirio, Arturo y Orión (verso 6), la Osa adamantina (verso 9), Sagitario (verso 18), etc. Según Rubén Darío el papa San Silvestre sale del Vaticano para despedir el año adornado con diamantes como estrellas (estrofas 1, 2 y 3) y se dirige hacia Oriente.

Por Oriente se está aproximando Enero, mes al que personifica llamándolo “Rey Enero” (verso 14). Y en medio de este vaivén de meses, horas (verso 21) y metáforas, encontramos dos ideas fundamentales: la idea de las almas de aquellos que han muerto y se van al cielo (versos 25 y 26) como si estuvieran esperando este acto de bienvenida al nuevo año para ir en busca de su lugar allí arriba en “la bóveda del cielo”; y la idea de Satán (verso 28), a quien Darío no pudo olvidar de entre todos los elementos religiosos.

En su otro escalón observamos

La segunda parte del poema comienza con el verso número 29 y hasta el final. Esta parte nos lleva de nuevo a la imagen del Papa San Silvestre; nos aleja de la imagen del Cielo y sus almas para devolvernos a la Tierra, a lo mundano, a la reunión de los hombres que celebran la fiesta y escuchan al Pontífice rezar (verso 33), y bendecir (verso 35) al nuevo año y al mundo.

Rubén Darío nos da la oportunidad con este poema de introducirnos en un nuevo mundo creado a partir de símbolos, imágenes y la combinación de otros varios mundos: religión, astros, personajes históricos, escatología… y es que en realidad todo lo que nos rodea es combinación de muchos pequeños universos.


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