El amor que calla, Gabriela Mistral

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Si yo te odiara, mi odio te daría
en las palabras, rotundo y seguro;
pero te amo y mi amor no se confía
a este hablar de los hombres, tan oscuro.

Tú lo quisieras vuelto en alarido,
y viene de tan hondo que ha deshecho
su quemante raudal, desfallecido,
antes de la garganta, antes del pecho.

Estoy lo mismo que estanque colmado
y te parezco un surtidor inerte.
¡Todo por mi callar atribulado
que es más atroz que el entrar en la muerte!

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Análisis

Cuando alguien odia, encuentra en las palabras el arma adecuada. Las dispara hirientes para que la otra persona quede dañada, aplastada con cada frase que decimos. Cuando alguien ama de verdad no encuentra palabras porque ninguna refleja lo que sentimos.

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El amante desea que la poeta hable y le diga lo que siente, pero esta no es capaz de expresarlo. El amante está enamorado, siente ese amor, pero sin embargo no se siente correspondido por la poeta debido al silencio de esta. Para ella, el callar es la mayor prueba amor que pueda haber.

Cuando leemos estos versos podemos entender cuál es la diferencia fundamental entre el concepto del amor desde el punto de vista masculino y el punto de vista femenino. Si bien es cierto que lo masculino implica mucha sexualidad, deseo y una descripción por escrito, que casi parece de palabra, de sus sentimientos, cuando nos adentramos en el universo de lo femenino, es completamente diferente.

La sexualidad es importante, pero los sentimientos lo son todavía más. Lo emocional está por encima de lo físico porque hay una necesidad de certeza por parte de la mujer en una relación. Es por ello que la expresividad de los sentimientos, en la poesía femenina, es mucho menor pero si más importante, más sincera, más íntima y enraizada.

Además, las palabras, a la hora de expresar el sentimiento de amor hacia otra persona no son tan importantes desde el punto de vista de la poeta. Lo esencial son los hechos, como se pide esa sensación y como se transmite a la otra persona. Es por ello que descubrimos que hay un choque entre el amante y la amada, que tiene como elemento de inició el propio silencio.

La poeta y amante no encuentra las palabras porque es tanto el amor que la llena, que ninguna es capaz de expresar todo lo que su cuerpo y mente le está haciendo sentir. Esto es algo que contrasta con el punto de vista masculino, ya que este necesita algo que le aporte información y le demuestre que ese amor es correspondido, en este caso que ella le hable, que le diga qué es lo que siente hacia él o sobre la relación.


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