El amor Nuevo, Amado Nervo

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Todo amor nuevo que aparece
nos ilumina la existencia,
nos la perfuma y enflorece.

En la más densa oscuridad
toda mujer es refulgencia
y todo amor es claridad.
Para curar la pertinaz
pena, en las almas escondida,
un nuevo amor es eficaz;
porque se posa en nuestro mal
sin lastimar nunca la herida,
como un destello en un cristal.

Como un ensueño en una cuna,
como se posa en la rüina
la piedad del rayo de la luna.
como un encanto en un hastío,
como en la punta de una espina
una gotita de rocío...

¿Que también sabe hacer sufrir?
¿Que también sabe hacer llorar?
¿Que también sabe hacer morir?

-Es que tú no supiste amar...

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Análisis

nuevo-amorAmado Nervo define a lo largo del poema su concepto del amor, personificado en una mujer. A lo largo de los versos hay una evolución que, en vez de ser de menos a más, lo complica haciendo que evolucione de menos a más, de más a lo sublime y, repentinamente, lo rebaja a la nada. Y es curioso cómo la valoración de ese amor puede variar tanto en tan pocos versos finales o quizá, si lo miramos bien, en los cuatro últimos versos del poema del poema, personalizando en una mujer el estado más negativo de ese amor.

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Este poema podemos dividirlo en cinco partes, que corresponderían a las cuatro estrofas del poema más el verso suelto del final. En los tres primeros versos, esa primera parte, se nos presenta al amor como metáfora de la luz que ilumina la oscuridad, que nos ilumina los sentidos. Es una presencia constante que potencia los sentidos, como el del olfato con el que podemos reconocer la presencia de la persona amada en cualquier parte, como un perro que reconoce su amo.

En la segunda estrofa hay una evolución. El amor se personifica en la mujer y al mismo tiempo se la va definiendo como energía, pureza, etc. La mujer se nos presenta como sanadora de cualquier dolor, daño y al mismo tiempo es un bálsamo que cura poco a poco, haciendo cicatrizar las más profundas heridas. Pero la forma en que lo hace esta mujer es sin dolor, como si fuera un filtro que evitara que nos cegáramos ante la luz del sol. El poeta nos presenta de esta manera un amor que no se basa en la dependencia, en la ceguera ante la realidad, sino en ese amor que nos va a hacer ser mejores personas, que nos completa y nos acompaña.

En la tercera estrofa va más allá y se le otorga al amor la capacidad de reconstruir lo destruido, como una mano salvadora que es capaz de hacer desaparecer el dolor, el frío mostrándonos la verdad, lavando nuestra negatividad, todo aquello que nos puede producir daño.

En la cuarta estrofa hay un cambio radical en el tono y en la intención del poeta con respecto al amor. A través de tres preguntas consecutivas se nos presenta esa otra parte del amor, esa evolución negativa que también puede mostrar: nos pueda hacer sufrir, llorar y destruir, incluso llevarnos a tal punto desolación que, en algunos casos, es capaz de conseguir la muerte de quien lo sufre.

La última parte es un cambio drástico en la intencionalidad del poeta. Comprobamos que todas las estrofas anteriores eran como un bálsamo que nos querían hacer entrar en un estado de relajación y, sin embargo, un solo verso nos hace comprender el verdadero motivo de los anteriores.

La visión del poeta, sus sentimientos, el significado tan profundo en su sentido positivo y negativo del concepto del amor, choca directamente con la persona a la que ama y llega una terrible conclusión: el amor no es correspondido. Ésos puntos suspensivos del final cortan y al mismo tiempo añaden una sensación de continuidad del poema que nosotros no vamos a conocer. Sólo sabemos que el amor se plantea por uno de los dos lados pero, ¿y el otro? Es posible que nunca lo sepamos.


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