Amiga no te mueras, Pablo Neruda

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AMIGA, no te mueras.
Óyeme estas palabras que me salen ardiendo,
y que nadie diría si yo no las dijera.

Amiga, no te mueras.

Yo soy el que te espera en la estrellada noche.
El que bajo el sangriento sol poniente te espera.

Miro caer los frutos en la tierra sombría.
Miro bailar las gotas del rocío en las hierbas.

En la noche al espeso perfume de las rosas,
cuando danza la ronda de las sombras inmensas.

Bajo el cielo del Sur, el que te espera cuando
el aire de la tarde como una boca besa.

Amiga, no te mueras.

Yo soy el que cortó las guirnaldas rebeldes
para el lecho selvático fragante a sol y a selva.
El que trajo en los brazos jacintos amarillos.
Y rosas desgarradas. Y amapolas sangrientas.

El que cruzó los brazos por esperarte, ahora.
El que quebró sus arcos. El que dobló sus flechas.

Yo soy el que en los labios guarda sabor de uvas.
Racimos refregados. Mordeduras bermejas.

El que te llama desde las llanuras brotadas.
Yo soy el que en la hora del amor te desea.

El aire de la tarde cimbra las ramas altas.
Ebrio, mi corazón. bajo Dios, tambalea.

El río desatado rompe a llorar y a veces
se adelgaza su voz y se hace pura y trémula.

Retumba, atardecida, la queja azul del agua.
Amiga, no te mueras!

Yo soy el que te espera en la estrellada noche,
sobre las playas áureas, sobre las rubias eras.

El que cortó jacintos para tu lecho, y rosas.
Tendido entre las hierbas yo soy el que te espera!

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Análisis

Es la primera etapa poética de Neruda. “Amiga, no te mueras” forman parte de una colección de poemas que el escritor chileno olvidó durante una década. En 1933 se publica por primera vez El hondero entusiasta, poemario que agrupa una serie de composiciones de juventud creadas a principios de la década de los 20. Es decir, la etapa en la que se publicó Crepusculario, primer libro del poeta chileno.

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¿Por qué Neruda espera diez años para que estos poemas vean la luz? La primera edición de El hondero entusiasta contiene una aclaración del propio Neruda en la que señala la excesiva influencia de Carlos Sabat Ercasty acusándose, así mismo, de “altivez verbal”. El poeta chileno juzgó que estas composiciones no eran dignas de publicación por contener algunos pecados de juventud que suelen aparecer en los inicios de una carrera creativa: demasiado peso de las influencias de los maestros y exceso de vehemencia.

Por suerte, diez años más tarde, Neruda dio marcha atrás y permitió la publicación de estos versos. Así podemos disfrutar de piezas como “Amiga, no te mueras”, un vibrante y frondoso poema de amor y pasión dedicado a un amor de juventud. ¿Realmente Neruda dirige sus versos a alguien que se va a morir? Si leemos atentamente los versos de este poema comprobamos que es el deseo la idea principal que aglutina la composición. La muerte, en este caso, es ausencia, espera, deseo insatisfecho de contacto físico. El yo lírico arde por dar rienda suelta a su pasión, pero su objeto de deseo no está presente. Y no llega. Por eso, pide a su amada que no muera, que no desparezca para él.

Si rizamos un poco el rizo podríamos apreciar también ese egoísmo presente en la primera etapa de la producción de Neruda, ese egoísmo propio del amante imberbe. El objeto de deseo, la amada, solo existe si está presente, si el sujeto la puede tocar, o disfrutar; si no está para él, es como si estuviera muerta.

Por ello, este poema, creemos, no es una pieza que se refiera a la muerte, si no al deseo insatisfecho. Neruda llena su poema de referencias a la naturaleza, a las flores, a la vegetación. Se describe el escenario de sus encuentros eróticos poniendo énfasis en elementos vivos, vibrantes, ardientes y húmedos, como el sol, el rocío, el agua, las rosas, etc.

El poeta repite “yo soy” insistentemente con una intención de reafirmación. El yo lírico recuerda a su amada lo que le ha ofrecido, su valor como amante. Es una combinación de melancolía y altivez. Es decir, otra vez: “vuelve, amiga, porque nadie te amará, como yo te amo”.

A nivel lírico y rítmico, “Amiga, no te mueras” es un prodigio de belleza formal. Tan solo debemos leer en alto esta pieza para comprobar que Neruda tuvo, desde siempre, el don del ritmo poético. “Amiga, no te mueras” fluye como un vibrante lamento de deseo.


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