Alma ausente, Federico García Lorca



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Análisis

Alma ausente forma parte del poema fúnebre El llanto por Ignacio Sánchez Mejías, escrito en 1934 y motivado por la muerte de su amigo torero. Se trata de una de las cimas poéticas lorquianas, en la que se sintetizan muchos de los elementos creativos presenten en toda la trayectoria del poeta andaluz. Alma ausente es la última parte de esta composición poética formada también por La cogida y la muerte, La sangre derramada y Cuerpo presente.

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Cada parte posee una estructura y propósito diferente, pero globalmente se trata de una elegía fúnebre, emparentada en su esencia con este género poético clásico en la que la muerte y el homenaje, la amistad y el duelo, sobrevuelan toda la composición. Si abordamos directamente Alma Ausente nos encontramos con una pieza formada por cinco estrofas de cuatro versos, más una de cinco.

En las cuatro primeras estrofas, un verso (“Porque te has muerto para siempre”) actúa como estribillo a nivel estructural y rítmico y como motivo temático fundamental. Lorca lamenta la muerte de su amigo, pero, sobre todo, el olvido y la ausencia, un tema recurrente en toda la producción lorquiana. Después de la muerte, no hay más que olvido. Nadie conoce ya a Sánchez Mejías, ni los niños, ni el toro, ni la tarde. Se ha ido, ha desaparecido de su entorno habitual descrito en los cuatro primeros versos.

Lorca extiende este llanto por todos los hombres muertos del mundo en la cuarta estrofa. Es la expresión más angustiosa del vacío existencial presente en algunas piezas de Lorca. Ni la fama, ni el recuerdo, sirven para mitigar la ausencia de un amigo, la ausencia de tantos seres queridos. La muerte, por tanto, como final inexorable y desolador.

Pero la consolación llega en las dos últimas estrofas de esta composición. Porque Lorca es consciente de que con esos versos está haciendo inmortal a su amigo. El arte como única fórmula para trascender a la muerte. Lorca canta a su amigo, honrando su carácter, describiendo su amor por la vida y por su valentía al querer sentir el beso de la muerte.

En la última estrofa y con unos versos lapidarios, Lorca homenaje al torero muerto, ya no solo como amigo, sino como andaluz, como paisano, como camarada. Tal vez así, piensa Lorca, siga soplando una brisa entre los olivos, siga viviendo Sánchez Mejías en el corazón de todos los que le amaron y en el corazón de todos los que leen este llanto poético.

Alma ausente es, como toda la composición de la que forma parte, una de las elegías fúnebres más recordadas de la poesía en castellano de todos los tiempos. Un llanto a la muerte formulado con imágenes imperecederas que no mueren nunca.


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