Alba, Federico García Lorca

Publicidad
Mi corazón oprimido
Siente junto a la alborada
El dolor de sus amores
Y el sueño de las distancias.
La luz de la aurora lleva
Semilleros de nostalgias
Y la tristeza sin ojos
De la médula del alma.
La gran tumba de la noche
Su negro velo levanta
Para ocultar con el día
La inmensa cumbre estrellada.

¡Qué haré yo sobre estos campos
Cogiendo nidos y ramas
Rodeado de la aurora
Y llena de noche el alma!
¡Qué haré si tienes tus ojos
Muertos a las luces claras
Y no ha de sentir mi carne
El calor de tus miradas!
¿Por qué te perdí por siempre
En aquella tarde clara?
Hoy mi pecho está reseco
Como una estrella apagada.

>> Siguiente >>

Análisis

Alba es un vibrante poema de juventud de Lorca. Se incluyó en su primer libro de poemas publicado en 1921. El autor tenía poco más de 20 años. Nostalgia y melancolía al alba. Esta pieza trata de expresar los sentimientos que se apoderan del yo poético en ese instante de aurora en el que la noche y el día se dan la mano. Los primeros versos ofrecen al lector varias claves para comprender el mensaje que el autor nos quiere trasladar. El corazón herido sufre al alba por los recuerdos de un amor y por la nostalgia de otros lugares, donde tal vez, fue más feliz.

Publicidad

La luz que, cada día, pone fin a la noche, trae consigo las semillas de la nostalgia

La tristeza se acomoda en el alma. Para el yo poético, herido de amor y de añoranza, el día, con su resplandor, no supone un nuevo comienzo, ni el olvido de los pesares. Al contrario, la noche, como soledad incesante, se apodera del alma que no es capaz de olvidar a su amor perdido, ni los lugares que quedan atrás.

Más adelante, la pieza se refiere a esos campos que sirvieron de escenario a los felices encuentros amorosos. Los campos, una imagen habitual en la poesía lorquiana, carecen aquí de vitalidad y frescura. El sujeto poético se pregunta qué puede hacer en ese escenario, tan bello en otros tiempos, si la soledad invade su alma, si la melancolía por la ausencia de su amada tiñe de negro su mirada.

En los últimos versos, Lorca se refiere directamente a su amada, apareciendo por vez primera en la pieza la segunda persona. Se refiere a unos ojos muertos que el yo lírico ya no siente. Su ausencia ha arrebatado el calor al corazón que, frío, oprimido, lamenta la pérdida. “¿Por qué te perdí por siempre en aquella tarde clara?”. El yo lírico entiende que ya no hay solución, pero no logra asumir, o no quiere asumir, la nueva realidad. Y al alba, su corazón está ajado, sin esperanza.

Alba es un poema emocionado en el que se juega con las diferentes fases del día para simbolizar un estado del alma

Pero Lorca, en esta pieza, transforma las habituales connotaciones del amanecer, como esperanza e ilusión, dándole matices de nostalgia y dolor, ante la pérdida de un ser querido, o también, de un lugar añorado (o de ambas cosas).

Los primeros años de producción literaria del poeta andaluz, marcados por algunas relaciones fallidas y por su traslado a Madrid dejando a su familia atrás, influyen, sin duda, en la génesis de esta pieza. Alba, que toma como estructura el clásico romance castellano con rima asonante en los versos pares, logra trasladar al lector la desdicha y la emoción de una pérdida irresoluble.


Volver Inicio