Ajedrez, Jorge Luis Borges



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Análisis

ajedrezLa vida, como un tablero de ajedrez, nos es mostrada en este poema de Borges. Estructurado en dos partes, cada una de ellas esté integrada por un soneto. Cada cuarteto y terceto desarrolla esta visión tan personal de un juego.

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Sin centramos en la primera parte del poema, podremos ver que en el primer cuarteto se nos presenta el ajedrez como un enfrentamiento entre dos ejércitos, manejados por dos jefes que enarbolan sus pendones, representados por los colores de las figuras del juego, el blanco y el negro.

En el segundo cuarteto las figuras, con los movimientos realizados por los jugadores, cobran vida y se personaliza su cosificación, siempre desde el punto de vista militar y agresivo. Es la preparación de la batalla antes de la guerra.
En el primer terceto se nos indica que el fin de la partida, de la lucha, no es el fin de todo, es un período de transición, de descanso para una siguiente batalla. Pero esta batalla, la partida, no tiene fin porque se inicia y se termina continuamente, como un rito que se mantiene a lo largo de los años y de los siglos.

En el segundo terceto de la primera parte se hace referencia al posible origen del ajedrez, oriente, y como este juego se expandió a todo el mundo. Infinito es este juego como posibilidades de movimientos tiene o, ¿por qué no pensarlo?, infinitos granos que el rey hindú Ladava no podría pagar al brahmán Lahur Sissa, de cuyo nombre se cree que deriva el de Caissa (Diosa del ajedrez).

En la segunda parte del poema estalla la batalla. En el primer cuarteto no hay cuartel entre los dos ejércitos. Ya sea blanco o negro los dos actúan de la misma forma, sin tregua y de manera encarnizada. Los contendientes, armados con sus piezas y con una estrategia destinada a vencer al contrario, no tienen piedad. El yin y el Yang se enfrentan continuamente.

En el segundo cuarteto se indica algo muy interesante. Los movimientos de las piezas, como en los ejércitos, está predestinado y no tienen libertad para vivir en libertad o, como indica Borges en esta parte, su libre albedrío está sujeto.
En el primer terceto de la segunda parte se nos hace referencia a Omar-al-Khayyam y su obra Rubáiyat, en la que se destaca la fugacidad de la vida y se aconseja al lector aprovecharla lo máximo posible, nuestro Carpe Diem. Pero también se nos previene que tampoco tenemos libertad para ello, concluyendo esta afirmación en el segundo terceto. En este se nos muestra a Dios como el gran jugador, que maneja los hilos de los jugadores y que sabe de antemano los movimientos y final de la partida.
Borges se pregunta al final del poema si hay un Dios que nos maneja bajo la imagen de un Dios todopoderoso y creador de nuestra propia existencia.

Como conclusión, parece que Borges, a través de la metáfora del ajedrez, nos muestra una existencia predeterminada, dirigida y organizada por una entidad superior, un Dios que nos ha concedido un falso libre albedrío y que, por mucho que queramos, nos maneja una y otra vez, dejándonos en una agonía constante.


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