A una francesa, Amado Nervo

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El mal, que en sus recursos es proficuo,
jamás en vil parodia tuvo empachos:
Mefistófeles es un cristo oblicuo
que lleva retorcidos los mostachos.

Y tú, que eres unciosa como un ruego
y sin mácula y simple como un nardo,
tienes trágica crin dorada a fuego
y amarillas pupilas de leopardo.

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Análisis

En este caso estamos ante una visión completamente diferente de la mujer. Estamos ante un ser negativo, lleno de maldades, casi equiparable al diablo. Amado Nervo nos introduce, a través de estas dos estrofas, que crean un pequeño poema, en la imagen de una mujer odiada. Sin embargo, al contrario de lo que se puede pensar, en ningún momento ni se le nombra como persona, y mucho menos con la nacionalidad francesa que anuncia el título.

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La primera estrofa de este poema entra de lleno en el tema, que es la imagen de una mujer personificada como el demonio, el mal. Nos la describe con muchos recursos y que los utiliza para hacer daño, como una mala persona.

Mefistófeles, el subordinado de Satanás, que es un ser más oscuro. Se le describe como un ser que no ama la luz, que ha perdido la fe y que, seguramente como esta mujer, viste con ropas fastuosas y tiene una mente fría racional, lógica. Se presenta asi ante los demás y utiliza esto para atrapar y manipular a las personas. Finalmente las lleva su terreno para conseguir sus almas.

Es posible que la mujer que nos describe en este poema utilice esas mismas artimañas para conseguir lo que desea de los hombres, para engañarlos, para dejarlos sin nada, incluida su alma.

La segunda estrofa, nos describe un poco esa apariencia de la mujer que nos quiere presentar Amado Nervo. Su apariencia es bondadosa y no se le puede decir nada malo de cómo actúa. Es sencilla como una flor, casi se puede decir que no se le puede acusar de ningún pecado. Sin embargo, cuando continúa la descripción y quizá con la metáfora del caballo, vemos cómo cambia esa referencia a la mujer con la introducción de la palabra trágica.

Es decir, la persona que se acerca a ella, que cae en sus brazos convencido de esa buena voluntad y de poder dominarla o domarla como si fuera un caballo, descubre la verdadera personalidad de esta mujer. Así, el último verso nos indica la personalidad de esta mujer. Cual felino, en este caso leopardo, ataca a su presa, la anula y la despoja de todo lo que tiene, devorando.

Incluso esa referencia al color de las pupilas, nos acerca a, no sólo esa animalidad de la mujer, sino que incluso nos hace pensar que ese color es algo más que oculta y que sólo en los momentos en los que quiere destruir, aparece esa realidad con ojos, rostro y cuerpo.


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