A Kempis, Amado Nervo

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Ha muchos años que busco el yermo,
ha muchos años que vivo triste,
ha muchos años que estoy enfermo,
¡y es por el libro que tú escribiste!

¡Oh Kempis, antes de leerte amaba
la luz, las vegas, el mar Océano;
mas tú dijiste que todo acaba,
que todo muere, que todo es vano!

Antes, llevado de mis antojos,
besé los labios que al beso invitan,
las rubias trenzas, los grandes ojos,
¡sin acordarme que se marchitan!

Mas como afirman doctores graves,
que tú, maestro, citas y nombras,
que el hombre pasa como las naves,
como las nubes, como las sombras...

huyo de todo terreno lazo,
ningún cariño mi mente alegra,
y con tu libro bajo del brazo
voy recorriendo la noche negra...

¡Oh Kempis, Kempis, asceta yermo,
pálido asceta, qué mal me hiciste!
¡Ha muchos años que estoy enfermo,
y es por el libro que tú escribiste!

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Análisis

Amado Nervo ataca a lo largo de los versos de este poema la obra de Tomás de Kempis, fraile católico del siglo XV, y su Imitación de Cristo. Este libro es un devocionario para la vida espiritual de monjes y frailes, en el que a lo largo de cuatro volúmenes, consejos útiles para la vida espiritual, Exhortaciones a vivir la vida interior, de la consolación interior y Del sacramento del altar, da consejos útiles. Sin embargo se le considera un asceta triste, oscuro.

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En la primera estrofa del poema, el poeta ataca a este autor y a su obra literaria. Tras su lectura ha perdido el rumbo y ya no es el mismo. Su felicidad se ha acabado al igual que su salud y se siente sin vida y acusa de ello directamente al libro de este fraile.

En la segunda estrofa nos habla de la pérdida, de lo que ha desaparecido. Así, la luz que empapaba su vida, la inmensidad que lo rodeaba, terminó en el momento en que leyó su libro. El expresar en él que todo era caduco, que nada permanece y que todo cambia, creo en él una sensación de vacío casi comparable a la muerte.

En la tercera estrofa habla de cómo fue una persona que disfrutó del amor físico y de la búsqueda de ese canon que, en su momento, era muy habitual en la poesía, una mujer rubia de grandes ojos, que seguramente serían azules, etc. Sin embargo, no tuvo presente que el tiempo pasa y el cuerpo también, poco a poco, se va marchitando.

Esta idea de que el cuerpo va perdiendo belleza la sigue desarrollando en la cuarta estrofa y hace referencias a autores y maestros que el propio Kempis comenta en su obra. La imagen que queda es la del ser humano que se difumina, que desaparece oscurecida porque su luz deja de estar.

En la penúltima estrofa, desarrollando el tema de la oscuridad en la que ha entrado el poeta, este hace suyo el mensaje negativo y acepta su estado anímico como algo habitual. Nada parece hacerlo salir de esa situación, incluido el amor o el cariño.

En la última estrofa del poeta se dirige directamente al fraile, al que nombra como un ser seco, estéril, sin vida, y al que acusa, no sólo de tener una obra que considera mala y negativa, sino de que su libro, Imitación de Cristo, es el culpable de su enfermedad espiritual e incluso de su pérdida de fe.


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