La Noche, Eduardo Galeano


 

Análisis de La Noche

¿Quién no ha tenido a una persona ‘atravesada’ alguna vez? A Eduardo Galeano se le hunde una mujer en su cerebro y su corazón durante una serie de noches de insomnio. Describe la situación con gran economía de medios, con palabras sencillas y certeras que son capaces de atravesar nuestro corazón, y nuestro cerebro. Porque todos tenemos (o hemos tenido) algo atravesado…

“La noche” pertenece al Libro de los abrazos, publicado en 1989 y que constituye una de las obras más populares del escritor uruguayo. Compendia una serie de cuentos, reflexiones y pequeñas piezas poéticos con un único leit motiv: el recuerdo. Así se inicia el libro, recordando que recordar viene del latín re-cordis, volver a pasar por el corazón.

En “La Noche” hay una herida de amor que sangra y cuya curación se antoja lejana

Pero en el poema que nos ocupa, no hay tanto nostalgia o melancolía, más bien se trata de una abierta herida de amor que todavía sangra y cuya curación se antoja lejana. La primera parte del poema es de un sencillo lirismo, que no rechaza la ironía. Esa dulce ironía que siempre oxigena una herida de amor.

Una mujer vestida de luna sujeta los párpados y anuda la garganta

Una mujer le quita el sueño al yo lírico, vive en sus ojos impidiendo que los párpados caigan por acción de la somnolencia. No, los párpados se niegan a cerrarse porque una mujer los sujeta. Pero es que la mujer, vestida de luna (o la luna vestida de mujer) también le quita el habla, porque también ha anudado su garganta. Con los ojos abiertos y tragando saliva, el poeta mira a la noche eterna con la incertidumbre del enamorado.

En la segunda parte, la pieza incluye un neologismo que Serrat popularizó en una de sus canciones inspirada en este poema. Galeano hace un brillante paralelismo entre ‘desnudar’ y ‘desdudar’. Porque el yo lírico desea ambas cosas, que vienen a ser lo mismo en esa noche de insomnio.

En la tercera parte, el poeta reflexiona sobre lo que supone pasar la noche en vela al lado del recuerdo de esa mujer. Supone estar al borde del precipicio. Si el poeta no se desduda pronto, corre peligro… peligro de caer por el abismo y abrir definitivamente su herida de amor.

El amanecer da una tregua al enamorado, pero la próxima noche ya está más cerca

Finalmente, el poeta huye del lecho buscando el aire fresco del amanecer. Se deshace del abrazo de la mujer que le impide conciliar el sueño y mira a la luna que ya se va. Esa luna en retirada anuncia una tregua para el poeta, pero también una nueva batalla, porque la próxima noche ya está más cerca.

Analizado por David Rubio en Poemas.de