Los justos, Jorge Luis Borges


 

Análisis de Los justos

Los justos es el título de uno de los poemas del gran escritor argentino Jorge Luis Borges (Buenos Aires, 1899 – Ginebra, Suiza, 1986). Este escritor fue nieto de importantes figuras militares dentro del marco de la independencia argentina, mientras que sus padres fueron personas vinculadas a la enseñanza y los idiomas. Comenzó a escribir y traducir siendo aún niño, exprimiendo al máximo su condición de bilingüe. Y desde su juventud logró ser uno de los escritores y traductores más destacados del siglo XX.

Vivió con su familia en diferentes países europeos como Francia, Italia, Suiza o España, lo cual lo ayudaría a dominar varios idiomas y a estudiar importantes obras literarias y filosóficas entre las que podemos destacar las de Oscar Wilde, Ortega y Gasset o Voltaire. En 1921 volvió a Argentina. Fue perdiendo la visión poco a poco pero continuó su labor como escritor dictando aquello que deseaba escribir a sus amigos y a su madre. Borges fue galardonado con varios premios, como por ejemplo el Premio Nacional de Literatura o el Premio Interamericano Ciudad de Seo Paulo.

La obra de Borges se caracteriza por el elevado nivel simbólico, los elementos fantásticos y el dominio espectacular del castellano

Nos muestra en todos sus versos un gran conocimiento de la Historia, los elementos culturales, de filosofía y de los libros sagrados tanto del cristianismo como del judaísmo, aunque él siempre se declaró ateo.

Con este poema en prosa rimada compuesto por doce versos de arte mayor Borge nos habla de quiénes son aquellas personas justas según su juicio y según los criterios marcados en su universo creado

Se trata de una justicia muy particular que además de mostrar en cada verso uno o más aspectos relacionados con la belleza que se percibe por medio de los sentidos o por medio de la sabiduría, nos muestra qué fue todo aquello que motivó y fascinó a nuestro gran poeta.

No se expresan las ideas con excesos recursos literarios, sino que en esta ocasión y mostrando una métrica novedosa y distinta, Borges opta por escribir aquello que siente tal cual debe decirse, tal y como debe leerse; no da lugar por tanto a muchas interpretaciones.
Podemos dividir el poema en dos partes. La primera parte la hallamos entre el verso número uno y el verso número ocho. En estos versos se describen a aquellas personas justas por amar o dedicar su alma a alguna tarea relacionada con los sentidos o el saber, como por ejemplo la música, la etimología o la lectura. La segunda parte, desde el verso número nueve hasta el verso número doce, en cambio, se centra en las personas que son justas por poseer un espíritu generoso y altruista: abandona el ámbito de lo cotidiano para centrarse en el interior de las personas.

Señalaremos algunos aspectos importantes

Leemos en estos versos elementos que han marcado la vida del autor como pueden ser la obra de Voltarie o la de Stevenson (versos 1 y 10); no olvida nombrar aquello que a él realmente le apasiona, entre otras cosas la música (verso 2), el estudio del lenguaje (verso 3), el ajedrez (verso 4), los animales (verso 8), etc. Hace una alabanza al trabajo, a la dedicación y a la inspiración: estudiar e investigar con placer (verso 3), amor al arte (verso 5 y 6).

Borges nombra brevemente y con disimulo el tema del amor en el verso número siete cuando dice “una mujer y un hombre”. Y por último nos deleita con unos versos que muestran su cara más sensible y generosa: se encuentra entre los justos aquel que perdona al prójimo (verso 9) y aquel que se comporta con humildad (verso 11). El verso número doce es el cierre perfecto, pues declara que gracias a aquellas personas que tiran el egoísmo a un lado se está salvando el mundo.

Destacamos de este poema el amor que siente Borges por los pequeños placeres de la vida, cuánto valoró aquello que lo rodeaba, y la bondad que ocultaba en su interior.

Analizado por Victoria en Poemas.de