Has visto cómo crecen las plantas? (Adán y Eva), Jaime Sabines


 

Análisis de Has visto cómo crecen las plantas? (Adán y Eva)

Jaime Sabines (1926-1999) fue un poeta mexicano de origen libanés que llegó a convertirse en uno de los referentes literarios más importantes de mitad del siglo XX en su país. Desde su infancia y gracias a la influencia de su padre, comenzó a sentirse atraído por la literatura. Comenzó a estudiar Medicina pero decidió abandonar esta carrera para dedicarse a la Literatura y formarse en esta materia. Son muchas las obras que publicó en vida y muy rico el legado que nos dejó con su literatura.

La poesía sabineana se caracteriza por ser una poesía libre y natural. Sabines nunca perteneció a un grupo o escuela literaria y creó, aunque al principio tuvo grandes influencias de Rafael Alberti o Pablo Neruda entre otros, poemas únicos en estilo y contenido. El estilo de su poesía es cercano y realista, emplea un vocabulario sencillo (a veces hasta puede resultar un tanto vulgar) y demuestra que la poesía es una manera de expresión para las almas. Los aspectos de la vida que pudieron llegar a hacer reflexionar o sentir al poeta son precisamente los temas que va a tratar en su poesía: la muerte, el amor, la soledad, la angustia existencial, la mujer…

Describió el lado más trágico del amor y la muerte en un intento de permanencia; no obstante, Sabines demostró ser un poeta vitalista, y esto lo observamos en el poema que nos ocupa.

Este poema titulado ¿Has visto cómo crecen las plantas? no es sino el segundo fragmento de una obra más extensa titulada Adán y Eva, publicada en el año 1952.

Si leemos únicamente este fragmento podemos descubrir muchos de los aspectos típicos de la poesía de Sabines. Aunque el tema es original, su estilo se muestra inalterable y típico. Y podríamos pensar que se trata de un poema dedicado a la naturaleza, a la mujer en general y a la eternidad o permanencia. Pero si lo situamos dentro de su contexto descubrimos que se remonta al Génesis para crear un poemario basado en la historia de Adán y Eva en los primeros días del mundo ya creado. Marco Denevi, contemporáneo suyo y gran figura dentro del marco literario argentino, también inspiró una de sus obra en el libro del Génesis con título homónimo.

Nos encontramos, pues, ante un poema que pertenece a un poemario compuesto por poemas en prosa rimada. En este poemario Sabines relata mediante diálogos entre Adán y Eva cómo vivieron estos primeros humanos el encuentro con el mundo como tal. Logra imaginar y describir ciertas situaciones con una originalidad y exactitud tales que el lector puede llegar a creer que el relato fue escrito por ellos mismos.

En ¿Has visto cómo crecen las plantas? Sabines le da la voz a Adán. Él ha observado y reflexionado sobre cómo crecen las plantas, la relación de las plantas con el suelo, el aire y el agua, e invita a Eva a reflexionar sobre ello. Le describe aquello que ha observado con las más bellas palabras y los sentimientos más sinceros. Este poema nos muestra el lado más filosófico de Jaime Sabines. Con el asombro del primer hombre en el mundo comienza la Filosofía, y con este poema el autor nos muestra no sólo sus capacidades como poeta sino también como filósofo; y así como Adán invita a Eva a descubrir la grandiosidad de las plantas en particular y de la Creación en general, Sabine invita al lector.

El poema se conforma de cuatro estrofas. En cuanto a su forma interna lo dividimos en dos partes. La primera parte, la cual muestra el tema principal del que ya hemos hablado ocuparía las tres primeras estrofas. A lo largo de estas tres estrofas, además de leer la descripción y reflexión que Adán hace de las plantas, observamos cómo Sabines intercala este tema con el tema de la mujer, elemento fundamental en su poesía y en la vida de todo hombre según el poeta. Adán no sólo ve las plantas en el mundo, las ve en los ojos de Eva. Así como Sabines reconoce en otros de sus poemas que ve a través de los ojos de su amada y compañera. En la cuarta y última estrofa Adán confiesa un deseo: sembrar una semilla en el río y ver crecer un árbol acuático que no caiga nunca. Puede que esto sea una metáfora mediante la cual el poeta está confesando su deseo de crear algo que no caiga, que permanezca, que no muera… frente a la muerte que atormenta a todo árbol terrestre, a todo hombre y a toda la naturaleza.

Resulta este pequeño fragmento todo un deleite para el lector, el cual, sutilmente queda expuesto al mundo, a la naturaleza, y a ciertas reflexiones que deben formar parte de nuestra vida cotidiana pero que, debido al ritmo de vida en el que nos encontramos sumergidos, dejamos en el olvido. Sabines afirmó en vida que la poesía era una forma de comunicación entre las almas, pero también es, y lo vivimos con este poema, una forma de relacionarse con la naturaleza y, al fin y al cabo, con el mundo al que pertenecemos.

Analizado por Victoria en Poemas.de