Doña Luz XVII, Jaime Sabines


 

Análisis de Doña Luz XVII

Doña Luz XVII es un fragmento de un poema más extenso escrito por el poeta y político mexicano Jaime Sabines (1926-1999) quien supuso un gran referente para la literatura mexicana de mediados del siglo pasado.

Sabines comenzó a publicar sus escritos desde muy joven. De pequeño fue introducido en el mundo de la literatura gracias a las historias que su padre le leía. Tras haber cursado tres años de la carrera de Medicina, cambió la Medicina por Lengua y Literatura españolas y se dedico a la creación literaria. Mientras trabajaba para su hermano en una tienda de tejidos fue desarrollando el poeta que llevaba en su interior. Recibió en vida diferentes premios literarios y publicó numerosas obras. Ahora, contamos con un gran legado poético que Sabines nos ha dejado. A lo largo de toda su obra abarcó temas muy variopintos como pueden ser: la muerte, el amor, la soledad, la existencia de Dios, la mujer, la finitud de la existencia, el paso del tiempo, etc.

En este poema que nos ocupa Sabine dedica unos versos a la memoria de su madre, fallecida en el año 1966; sólo seis años después de que muriera su padre, el Mayor Sabines, cuya muerte supuso un duro golpe para él. Julio Sabines emigró desde El Líbano primero a Cuba y después a México, y en la ciudad de Chiapas conoció a la que sería su esposa y madre de Jaime Sabines: Luz Gutiérrez Moguel, la que además era nieta de un importante militar.

La estructura externa del poema se divide en cuatro estrofas de métrica irregular y verso libre. La primera estrofa consta de cuatro versos, la segunda estrofa tiene dos, la tercera se compone de cinco versos y la cuarta y última de tres versos. El poeta recoge tres ideas fundamentales en este poema, no obstante, la poesía de Sabines se caracteriza por encerrar matices en todas y cada una de las palabras de sus poemas.

La primera idea queda expuesta en las dos primeras estrofas: el poeta, dirigiéndose a su madre, le otorga una fascinante omnipotencia tras haber muerto. Por el hecho de no estar, la encuentra en todas partes, en todos los fenómenos naturales. Pero al mismo tiempo y paradójicamente, le recuerda la insignificancia propia de aquel que ya no vive.

Por tratarse de su madre presiente que vivirá eternamente en todo cuanto le rodea, pero reconoce que la muerte hace desaparecer hasta al ser más querido. La tercera estrofa contiene la segunda idea. Aquello que en un primer momento dedicaba a su madre, ahora lo universaliza y lo considera el destino irrefutable de los hombres, de la humanidad. Recuerda con sus metáforas que la muerte es un asunto que nos concierne a todos. La cuarta estrofa, a pesar de su brevedad, nos revela importantes detalles de la concepción que Jaime Sabines tenía de la vida.

En estos dos versos nos permite descubrir tanto el lado más pesimista como el lado más vitalista de su pensamiento. Para él vivir el hecho de vivir no tiene sentido, pero aún así prefiere aferrarse a la vida antes que resignarse en el sinsentido de la muerte.

Este poema no resulta tan desgarrador como aquel que le dedicara a la muerte de su padre Algo sobre la muerte del mayor Sabines, de lo cual podemos deducir que la muerte de su padre, la cual tuvo lugar en el año 1961, lo hizo madurar y le enseñó a saber afrontar con más paciencia o resignación las muertes venideras, en este caso de su madre, Doña Luz.

Analizado por Victoria en Poemas.de